Nueva pirámide de la alimentación

Frente a la opinión extendida, el consumo de ciertas grasas reporta beneficios para el corazón; en cambio, hay numerosos hidratos de carbono dañinos.

En 1992 el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) publicó un documento oficial, conocido por "pirámide de la alimentación", que se proponía como guía alimentaria orientada a mantener un buen estado físico y reducir los riesgos de enfermedades crónicas. Las recomendaciones contenidas en la pirámide pronto alcanzaron gran difusión: el consumo de grasas y aceites tenía que rebajarse al mínimo, pero de seis a 11 veces al día había que tomar alimentos ricos en hidratos de carbono complejos: pan, cereales, arroz, pasta. Asimismo, se recomendaban generosas cantidades de verduras (incluso de patatas, otra abundante fuente de hidratos de carbono), frutas y productos lácteos, y al menos dos ingestiones diarias del grupo formado por carnes rojas y blancas, pescados, huevos, frutos secos y legumbres.

Sin embargo, aun durante el desarrollo de la pirámide, los especialistas en nutrición sabían de sobra que ciertos tipos de grasa son esenciales para la salud y reducen el riesgo de enfermedad cardiovascular. Había, además, pocas pruebas de que una elevada ingesta de hidratos de carbono fuese beneficiosa. Desde 1992 se advierten defectos cada vez más graves en la pirámide de la alimentación. Es un error promover el consumo de todos los hidratos de carbono complejos y prohibir las grasas y aceites en general. Ni todos los lípidos son dañinos, ni todos los hidratos de carbono complejos son buenos para cualquier persona.

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