Sistemas geotérmicos mejorados

La idea de aprovechar el calor interno de la Tierra como fuente energética no es nueva, pero lejos de las zonas volcánicas la técnica sigue ofreciendo resultados modestos.

CORTESÍA DE HERRENKNECHT AG

En síntesis

Durante decenios, el calor del interior de la Tierra solo ha podido aprovecharse en ciertos lugares. En la actualidad, casi todas las grandes centrales geotérmicas se encuentran en zonas volcánicas.

Hoy ya existen nuevas técnicas que permiten aprovechar el calor del subsuelo en zonas secas o carentes de actividad volcánica. En Centroeuropa ya existen varias centrales de nueva generación.

A diferencia de la energía solar o eólica, la geotérmica proporciona un suministro estable, pero su rendimiento es exiguo y muy variable. En ocasiones, las excavaciones han llegado a provocar seísmos leves.

El cartel no invita mucho a detenerse: «Atención: Zona geotérmica. Peligro de explosión». El suelo amarillo sulfuroso de las inmediaciones del estanque Krýsuvík, en el sudoeste de Islandia, desprende tanto calor que el agua borbotea en los pozos de lodo. Con cuidado, atravesamos este espectáculo natural a través de un resbaladizo camino de madera. Desprende un desagradable olor a azufre, originado por las emanaciones volcánicas de las profundidades de nuestro planeta.

Paisajes inhóspitos como el de Krýsuvík proveen a Islandia de una energía de procedencia mayoritariamente local: el estado insular cubre un 62 por ciento de sus necesidades energéticas gracias al subsuelo. La geotermia se aprovecha no solo para calentar hogares, piscinas o las nevadas calles de Reikiavik, sino que genera también una cuarta parte de la energía eléctrica que consume el país. El modelo islandés lleva intentando imitarse desde hace años, sobre todo en países con zonas volcánicas activas. En todo el mundo, el rendimiento de las centrales geotérmicas equivale al de unas diez centrales nucleares. El 80 por ciento de ellas se encuentra en el Cinturón de Fuego del océano Pacífico, cuya actividad tectónica alimenta los volcanes de Japón, Indonesia, Filipinas y Nueva Zelanda. Por las mismas razones, el subsuelo de la costa oeste de Estados Unidos, El Salvador o México ha hecho de la geotermia una posibilidad energética digna de tomar en consideración. Solo en estos países, se prevé que la explotación geotérmica crezca en dos tercios de aquí a 2015.

Si se excava lo suficiente, la roca caliente aparece también en otras partes del mundo, como en Centroeuropa. En Alemania, hace ya décadas que los ingenieros se esfuerzan por entender los secretos del subsuelo, en gran parte inexplorado, con miras al suministro energético. Hasta ahora, sin embargo, el éxito ha sido moderado. A principios de 2012, el país de referencia en ampliación de energías renovables solo producía unos 7,3 megavatios de origen geotérmico, el equivalente a la potencia nominal de unos pocos aerogeneradores. Y ello a pesar de que, a pocos kilómetros de profundidad, la corteza terrestre se halla tan caliente como las burbujeantes calderas de lodo islandesas.

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