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1 de Mayo de 2015
Sistema solar

El origen del agua en la Tierra

Varios hallazgos recientes han reavivado el debate sobre la génesis de los océanos. ¿Llegó el agua a nuestro planeta a bordo de cometas, asteroides o mediante algún otro proceso?

RON MILLER

En síntesis

Durante las etapas de formación planetaria, la mayor parte del agua del sistema solar quedó confinada en sus regiones externas, más frías. Ello condujo a la creación de cuerpos relativamente secos en las zonas más cercanas al Sol.

Se cree que el agua llegó a nuestro planeta durante las fases tardías de su proceso de formación. Algunos datos apuntan a un bombardeo de asteroides ricos en minerales hidratados; otros sugieren un origen cometario.

Sin embargo, puede que el problema del origen del agua terrestre no admita una solución única. En última instancia, la respuesta definitiva dependerá de una exploración más exhaustiva del sistema solar.

Desde la playa, al contemplar las olas acercarse desde el horizonte, es fácil concebir el océano como algo atemporal. De hecho, más de un mito de la creación comienza con un abismo de agua anterior a la tierra e incluso a la luz. Hoy, sin embargo, sabemos que nuestros mares no han estado ahí siempre. El agua que contienen, al igual que cada gota de lluvia, cada ráfaga de aire húmedo y cada sorbo de nuestros vasos, constituye un vestigio de un tiempo remoto en el que, literalmente, los océanos cayeron del cielo.

Toda el agua del sistema solar se remonta a la gigantesca nube primordial de gas y polvo que, hace unos 4500 millones de años, sucumbió a su propio peso y dio lugar al Sol y los planetas. En ella abundaban el hidrógeno y el oxígeno, los dos elementos que conforman la molécula de agua. Esa riqueza no debería sorprender a nadie: el hidrógeno y el oxígeno ocupan, respectivamente, el primer y el tercer puesto en la lista de los elementos más abundantes en el universo (el helio, químicamente inerte, se encuentra en segundo lugar). El Sol y los planetas gigantes gaseosos, formados antes que los rocosos, absorbieron la mayor parte del gas. Y aunque buena parte del oxígeno se unió a átomos de otros elementos, como el carbono y el magnesio, el restante bastó para formar una cantidad de agua varias veces superior a toda la roca del sistema solar.

Sin embargo, hoy observamos una realidad muy distinta. La Tierra y sus vecinos, Mercurio, Venus y Marte, no son mundos de agua, sino de piedra. La razón se debe al momento y la manera en que se formaron. A medida que la nube primordial colapsaba, el momento angular aplanó el material y dio lugar a un disco rotatorio de gas y polvo, en el que más tarde nacerían los planetas. Se cree que la génesis de cuerpos rocosos siguió un proceso gradual, en el que los objetos de menor tamaño fueron agregándose para engendrar otros cada vez mayores. Los granos microscópicos formaron pequeños guijarros, los cuales crecieron hasta convertirse en grandes bloques y, más tarde, en planetesimales, objetos de dimensiones kilométricas cuya acumulación posterior daría lugar a los planetas. Concluida la etapa de formación planetaria, buena parte de los planetesimales restantes devinieron en asteroides y cometas.

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