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Actualidad científica

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  • Abril/Junio 2017Nº 88
Presentación

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El redescubrimiento de nuestro vecindario cósmico

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En los últimos años, misiones como Cassini-Huygens, el Laboratorio Científico para Marte, New Horizons o Rosetta, entre otras, han revelado infinidad de nuevos detalles sobre los mundos que pueblan el sistema solar, desde Saturno y sus sorprendentes lunas hasta Mercurio, Marte o Plutón. Los grandes avances telescópicos han comenzado a explorar el séquito de objetos que orbitan más allá de Neptuno, las simulaciones computarizadas han reescrito los orígenes de nuestro humilde entorno galáctico y el descubrimiento de millares de exoplanetas ha mostrado que, contra todo pronóstico, nuestro sistema planetario parece ser excepcional tanto en su historia como en su arquitectura.

El presente monográfico recopila algunos de los mejores artículos publicados en Investigación y Ciencia sobre estos hallazgos. El recorrido incluye una visita a Titán, la luna de Saturno donde la misión Cassini-Huygens ha observado nubes, lluvias y mares de metano que remedan el ciclo hidrológico terrestre (págs. 14-21); un viaje a las profundidades de Encélado, donde hace poco se ha inferido la existencia de un océano subterráneo de agua caliente que tal vez podría albergar vida (págs. 22-31); y una parada en el hipotético PlanetaX, la supertie­rra que cada vez más astrónomos creen posible que orbite más allá de Neptuno (págs. 32-39). La incursión se adentra también en el pasado remoto del sistema solar, cuya formación se ha revelado mucho más tumultuosa de lo que se pensaba (págs. 42-73), y dedica por último una mirada especial a Marte, emblema científico y cultural de la exploración humana del espacio (págs. 76-95).

A lo largo de la historia, la investigación del sistema solar ha ampliado todos los horizontes de la ciencia. No en vano, una de las fechas que suelen citarse como inicio de la Revolución Científica es 1543, el año de publicación del modelo copernicano. El estudio de la órbita de Marte condujo a Kepler a formular sus leyes de la mecánica celeste, las fases de Venus indicaron a Galileo que la Tierra no era el centro del universo, y los eclipses de Ío, el satélite de Júpiter, permitieron a Ole Rømer concluir que la luz se propagaba a velocidad finita. Maxwell demostró que los anillos de Saturno no podían ser sólidos ni líquidos, sino que tenían que estar compuestos por pequeñas masas aisladas, lo que más tarde le llevaría a formular su teoría cinética de los gases. Y medio siglo después, Einstein halló en el movimiento del perihelio de Mercurio la primera prueba empírica de su teoría de la relatividad general. La lista sigue.

El significado de esa exploración aún en curso lo expresan con elocuencia Konstantin Batygin, Gregory Laughlin y Alessandro Morbidelli en estas páginas: «Desde su nacimiento en agitadas nubes moleculares, pasando por la formación de sus primeros planetas [...] hasta llegar a la aparición de la vida [...], la biografía completa del sistema solar constituiría uno de los logros más significativos de la ciencia moderna. Y, sin duda, una de las historias más impresionantes que jamás puedan ser contadas».

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