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Actualidad científica

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  • Abril/Junio 2017Nº 88

Astrofísica

Superficie y atmósfera de Titán

Titán, el mayor satélite natural de Saturno, no debiera considerarse una luna más. Con una atmósfera más voluminosa que la de la Tierra, presenta una superficie de complejidad pareja.

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De no haber sabido que las imágenes procedían de Titán, habríamos pensado que se trataba de nuevas fotografías de Marte o la Tierra. Desde la sala de control, algunos vieron en la mayor luna de Saturno la costa de California; otros pensaron en la Costa Azul. Tres semanas antes, la sonda Huygens se había desprendido de la nave espacial Cassini y había iniciado su descenso hacia la superficie de Titán. Todos los que en aquel momento nos encontrábamos allí teníamos una extraña relación con la sonda. Habíamos trabajado en la misión durante gran parte de nuestras carreras, y nos preguntábamos cómo funcionaría todo en un mundo extraterrestre absolutamente desconocido.

La sonda alcanzó Titán la mañana del 14 de enero de 2005. En el Centro Europeo de Operaciones Espaciales de Darmstadt, las imágenes provocaron júbilo y sorpresa en igual medida. Nadie esperaba que el paisaje se pareciera tanto al terrestre. Mientras Huygens descendía, las fotos aéreas mostraron un entramado de ríos con los que se cruzaban torrentes alimentados por la lluvia. La sonda aterrizó en un lugar húmedo y lleno de guijarros sobre el que había caído una copiosa lluvia. Lo más extraño de Titán era su inquietante familiaridad.

Ahora, varios años después, hemos tenido tiempo de analizar los datos aportados por Huygens y de contextualizarlos con la imagen que Cassini, en órbita alrededor de Saturno, nos ha proporcionado tras haber sobrevolado Titán decenas de veces. Por su tamaño (mayor que Mercurio), dinamismo (más activo que Marte) y atmósfera (más gruesa que la de la Tierra), Titán es un planeta en toda regla. Una amplia gama de procesos geológicos moldean su superficie. El metano desempeña la función del agua en la Tierra: se evapora, forma nubes, precipita, excava valles y fluye de nuevo hacia los lagos. Si su atmósfera no careciese de oxígeno y su temperatura no descendiese hasta los 180 grados Celsius bajo cero, Titán no sería tan distinto de nuestro planeta.

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