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Actualidad científica

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  • Abril/Junio 2008Nº 52

Paleontología

Origen y evolución de la pluma

Durante largo tiempo se admitieron una serie de supuestos sobre los mecanismos originantes de las alas que la investigación reciente ha desmentido. La pluma no nació con las aves.

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Pelo, escamas, piel o plumas. De todos los revestimientos corporales que ha creado la naturaleza, las plumas ofrecen la mayor diversidad. Encierran también el mayor misterio. ¿Cómo evolucionaron esos apéndices de increíble vigor, complejidad sorprendente y maravillosamente livianos? ¿De dónde procedían? Cinco años atrás, la ciencia carecía de respuestas. Pero el trabajo acometido en diferentes líneas de investigación ha convergido ya hacia una conclusión espectacular: antes de que aparecieran las aves, las plumas habían evolucionado en los dinosaurios.

El origen de las plumas es un caso específico del marco, mucho más general, del origen de las innovaciones evolutivas. Por tales se entienden las estructuras que no presentan antecedentes manifiestos en otros organismos anteriores, ni podemos asociar con estructuras afines (homólogas) de parientes contemporáneos. Aunque la teoría de la evolución proporciona una explicación consistente sobre la aparición de variaciones menores en el tamaño y la forma de los organismos y sus partes constituyentes, no ha aclarado todavía los mecanismos que determinan el advenimiento de estructuras completamente nuevas, tales como dedos, extremidades, ojos y plumas.

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