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1 de Diciembre de 1988
Virología

El SIDA en 1988

En su primer artículo que firman juntos, los descubridores del HIV presentan este número monográfico sobre el SIDA. Tras recordar los pasos que les llevaron al virus, exponen su confianza en el dominio médico de la epidemia.

LENNART NILSSON, © BOEHRINGER INGELHEIM INTERNATIONAL GMBH

En síntesis

Los autores describen el recorrido que les llevó a descubrir el VIH en 1983 y cómo establecieron su relación con el sida. En poco tiempo se desarrolló un análisis de sangre para detectar el virus y se identificaron los objetivos a los que atacaba en el organismo.

A partir de esos hallazgos, plantean las posibilidades terapéuticas para luchar contra la infección por el VIH, a pesar de las dificultades que ese empeño conlleva.

Asimismo, insisten en las medidas educativas y en las estrategias médicas para mitigar la propagación de la enfermedad, en especial en las regiones más afectadas y pobres.

Era creencia general, en los años setenta, que las enfermedades infecciosas habían dejado de constituir una amenaza para el mundo desarrollado. Los nuevos desafíos para la salud pública vendrían, se pensaba, de agresiones no infecciosas, como el cáncer, cardiopatías y enfermedades de tipo degenerativo. Tal confianza se vino abajo a principios de los ochenta con la aparición del sida. Se trataba de una devastadora enfermedad causada por una clase de agentes infecciosos —los retrovirus— encontrados en seres humanos escasos años antes. A pesar de la alarmante naturaleza de la epidemia, la ciencia respondió con presteza. En los dos años transcurridos desde mediados de 1982 hasta la mitad de 1984, se definieron los perfiles de la epidemia, se aisló un nuevo virus —el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH)— y se demostró que provocaba la enfermedad, se puso a punto un ensayo en sangre para detectarlo y se identificaron los objetivos del virus en el interior del cuerpo.

Pasada la eclosión inicial, se progresa ahora con firmeza, aunque con mayor lentitud. Y en algunos aspectos, incluso, el virus le ha ganado la partida a la ciencia. No hay medicación ni vacuna, y la epidemia continúa su expansión; los retrovirus causantes de la enfermedad permanecerán en la población humana durante largo tiempo. Así las cosas, importa preguntarse en qué situación nos encontramos hoy en relación con el problema del sida. ¿Cómo se descubrió el VIH? ¿Cómo se estableció su relación con el sida? ¿Cómo actúa el virus? ¿Cuáles son las posibilidades de que el sida se propague rápidamente fuera de los grupos de riesgo? ¿Cuáles son las esperanzas de hallar una vacuna? ¿Y una terapia? ¿Cuál es la forma más eficaz de combatir la epidemia? He aquí algunas de las cuestiones que este artículo se propone abordar.

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