Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

1 de Noviembre de 2002
Física teórica

La flecha del tiempo

Todo parece indicar que el tiempo corre inexorablemente, del pasado inmutable hacia el incierto futuro, pasando por el presente tangible. Pero eso es mera ilusión.

"Recoge tus rosas mientras puedas,/pasa el tiempo y nada queda", escribía Robert Herrick, poeta inglés del siglo XVII, plasmando ese sentimiento general de que el tiempo vuela.¿Y quién dudaría de ello? El paso del tiempo expresa, probablemente, la sensación más honda de la percepción humana, pues vivimos su transcurso fugaz con una intensidad mayor que la que experimentamos con las percepciones del espacio o masa. Se ha comparado el discurrir del tiempo al vuelo de una flecha y al flujo sin retorno de un río, que nos lleva inexorablemente del pasado al futuro. Shakespeare hablaba del "molinillo del tiempo"; su paisano Andrew Marvell, del "alado carruaje del tiempo que se mueve con presteza".

Por evocativas que resulten esas imágenes, celan una demoledora y profunda paradoja. Nada hay en la física conocida que corresponda al paso del tiempo; en su marco conceptual, el tiempo no transcurre, sino que simplemente es. Algunos filósofos sostienen que la misma noción del paso del tiempo carece de sentido y que la metáfora del río o del flujo del tiempo deriva de una idea errónea. Pero, ¿cómo puede ocurrir que algo tan enraizado en nuestra experiencia del mundo resulte ser falso? ¿Esconde acaso el tiempo una cualidad fundamental que se le ha escapado a la ciencia?

Artículos relacionados

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.