Historia de la medicina

La perenne enfermedad

La historia de la humanidad es la de una lucha sisífica contra todo género de contrariedades, entre las que las enfermedades infecciosas ocupan un puesto destacado. No hace mucho que la partida parecía ganada, pero resultó no ser así.

Se habla de epidemia cuando una enfermedad afecta a un grupo humano determinado con mayor frecuencia de la esperable dentro de cierto ámbito temporal. Su acepción más popular, menos rigurosa, la relaciona con enfermedades de origen tóxico e infeccioso y con el contagio, pero el término se aplica con propiedad a cualquier enfermedad. Otras nociones afines son las de pandemia (una epidemia que se extiende por todo un continente o incluso por todo el globo, piénsese actualmente en el sida) y la de endemia, que es la enfermedad que se ha asentado en una población con carácter permanente, como la malaria en tantas partes del planeta.

No hace mucho más de veinte años que pareció que la partida contra las enfermedades infecciosas estaba decidida. Los sucesivos éxitos obtenidos tras la Segunda Guerra Mundial tuvieron su apogeo en la erradicación de la viruela en 1977, como resultado de una campaña de vacunación mundial durante un decenio. El tan temido virus Variola major, responsable de la muerte de millones de personas en todas las épocas y continentes, quedaba así confinado a dos laboratorios, uno de Moscú y el otro del Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de Atlanta. Al casi fortuito descubrimiento de la penicilina había seguido el desarrollo de todo un arsenal antibiótico al que se suponía no podría resistir bacteria alguna. El hombre moderno de los países industrializados, pertrechado con vacunas y antibióticos, dirigía su mirada a lo que consideraba la plaga del siglo XX, el cáncer.

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