Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

1 de Febrero de 2012
Neurociencia

Interruptores ocultos en la mente

Mediante cambios epigenéticos que activan o desactivan genes, la experiencia puede influir en las enfermedades mentales.

AXS BIOMEDICAL ANIMATION STUDIO

En síntesis

Nuevos hallazgos indican que las experiencias contribuyen a la enfermedad mental mediante la adición o eliminación de señales epigenéticas en los cromosomas.

Los estudios con ratones demuestran el papel de las modificaciones epigenéticas de larga duración en los trastornos como la adicción y la depresión.

Los cambios epigenéticos pueden afectar también la conducta materna: las crías reproducen el comportamiento de la madre, aunque los cambios no se transmiten por línea germinal.

Aunque queda mucho camino por recorrer, se espera que los nuevos descubrimientos ayuden a mejorar el tratamiento de las enfermedades mentales.

Matt es profesor de historia. Su hermano gemelo, Greg, es drogadicto. (Los nombres se han cambiado para proteger el anonimato.) Durante los años de juventud, transcurridos en Boston, ambos pasaron con éxito los ciclos de educación media: eran buenos estudiantes y deportistas, y se llevaban bien con sus compañeros. Como muchos jóvenes, de vez en cuando los hermanos tomaban cerveza o fumaban cigarrillos a escondidas. También experimentaron con la marihuana. Más tarde, en la universidad, probaron la cocaína. A Greg, la experiencia le desbarató la vida.

Al principio llevaba una vida normal. Asistía a clase y mantenía el contacto con sus amigos. Pero la droga se convirtió pronto en algo de suma importancia. Greg abandonó la escuela y aceptó varios puestos de trabajo precarios. Raras veces mantenía un empleo durante más de uno o dos meses, ya que lo despedían por faltar al trabajo o discutir con los clientes y compañeros. Su comportamiento se hizo cada vez más imprevisible, a veces violento, y fue detenido varias veces por robar para costearse la droga. Fracasó en los múltiples intentos de rehabilitarse y, a los 33 años de edad, cuando un juez le mandó a un centro psiquiátrico para que fuera evaluado, era ya indigente y vivía en la calle. Había sido repudiado por su familia y era prisionero de su adicción.

¿Qué hizo a Greg tan susceptible a la cocaína, hasta el punto de que destruyera su vida? ¿Y cómo fue que su hermano gemelo, con quien comparte los mismos genes, se librara de tal destino? ¿Por qué la exposición a una droga significa para algunos una vida entera de adicción, mientras otros superan sus imprudencias juveniles y siguen adelante llevando una vida productiva?

Esas preguntas no son nuevas, pero al fijarse en hallazgos de otras disciplinas, los neurocientíficos han comenzado a adoptar un nuevo enfoque para intentar resolverlas. Durante el último decenio, los biólogos que estudian el desarrollo embrionario y el cáncer han descrito numerosos mecanismos moleculares en los que el ambiente determina el comportamiento de los genes sin cambiar la información que contienen. En vez de mutar genes, estas modificaciones epigenéticas los marcan de tal manera que alteran su actividad, en algunos casos, durante toda la vida.

Artículos relacionados

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.