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Actualidad científica

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  • Enero/Marzo 2007Nº 47

Cosmología

El universo maduro

El universo ha perdido la actividad que llegó a desarrollar, pero aún forma estrellas y crea agujeros negros a buen ritmo.

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Hasta hace poco, la mayoría de los astrónomos pensaba que el universo había entrado en una madurez aburrida. Fuegos cósmicos agitaron sus primeros seis mil millones de años: las galaxias chocaban entre sí y se fundían en otras mayores, poderosos agujeros negros succionaban gigantescas espirales de gas y las estrellas se formaban con una profusión monumental. Durante los siguientes ocho mil millones de años, en cambio, había habido cada vez menos colisiones galácticas, los descomunales agujeros negros se habían calmado y la formación estelar se había reducido a casi nada. A pocos les quedaba alguna duda de que estábamos presenciando el final de la historia cósmica y de que el futuro no conocería sino la incesante expansión de un universo apacible y envejecido.

Sin embargo, las observaciones de los últimos años demuestran con claridad que se había exagerado la senectud del universo. Gracias a los observatorios espaciales y la instalación de instrumentos de nuevo cuño en los telescopios terrestres, se ha descubierto que en el pasado reciente sí ha habido procesos enérgicos en las galaxias cercanas. (La luz de las galaxias lejanas necesita más tiempo para alcanzarnos; las observamos, pues, en un estadio más temprano de su evolución.) El análisis de los rayos X emitidos por los núcleos de galaxias no muy lejanas ha descubierto agujeros negros de masa muy grande que siguen absorbiendo el gas y el polvo de sus alrededores. Y un estudio profundo de la luz emitida por galaxias de edades variadas ha descubierto que el ritmo de formación estelar no ha declinado tanto como se pensaba.

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