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1 de Noviembre de 2012
Física

Más allá del horizonte cuántico

Antaño considerada indicadora de los límites de acceso a la realidad, la teoría cuántica está ampliando el potencial de la computación y las perspectivas del conocimiento.

WIKIMEDIA COMMONS_DOMINIO PÚBLICO

En síntesis

La mecánica cuántica se ha presentado históricamente como una teoría de límites, la cual impone una incertidumbre inherente a nuestras observaciones.

Tales prejuicios encuentran su origen en doctrinas filosóficas como el positivismo lógico, muy en boga durante la época en la que se gestó la mecánica cuántica.

En realidad, la teoría cuántica no impone límites estrictos. Su riqueza es tal que permite desarrollar nuevas técnicas y adquirir nuevos conocimientos.

A finales del siglo XIX, un artista anónimo realizó un grabado que mostraba a un viajero cruzando el horizonte, la frontera entre la tierra y el cielo. Arrodillado en un estilizado paisaje cotidiano, el hombre asoma su cabeza hacia el firmamento, donde se hallan los engranajes del mundo. La imagen, conocida como grabado de Flammarion, ilustra la búsqueda del saber. Las interpretaciones posibles de esta metáfora visual nos conducen a dos nociones muy diferentes del conocimiento.

La divisoria que aparece en la imagen puede entenderse como una frontera ficticia que, en realidad, la ciencia siempre acaba cruzando. Pero puede también interpretarse como una barrera real, solo franqueable por medio de la imaginación. A la luz de esta última interpretación, el artista estaría sugiriendo que nos hallamos atrapados en una burbuja cerrada, de objetos y sucesos conocidos. Podemos aspirar a comprender el mundo de la experiencia directa, pero el infinito que yace más allá resultaría inaccesible a la exploración y al entendimiento. ¿Trasciende la ciencia lo cotidiano y nos revela nuevos horizontes o, más bien, nos muestra los límites de nuestra prisión, en una lección de conocimiento limitado e infinita humildad?

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