Etiquetas electrónicas

Las etiquetas de identificación por radiofrecuencia permiten detectar a distancia objetos y personas. Su funcionamiento puede entenderse a partir de las leyes del electromagnetismo clásico.

Los emisores ARVA, empleados para localizar a las víctimas de un alud, crean un campo magnético alterno (rojo) que se propaga unas decenas de metros. Dicha radiación es detectada por otro aparato ARVA, el cual revela la dirección de las líneas de campo. Aunque no señala directamente a la víctima, ayuda a localizarla. [BRUNO VACARO]

Los miembros más exclusivos del antiguo Baja Beach Club de Barcelona no necesitaban identificarse a la entrada ni mostrar su tarjeta de crédito: un microchip electrónico del tamaño de un grano de arroz, insertado bajo la piel, permitía reconocerlos. Dignos de una novela de ciencia ficción, estos dispositivos reciben el nombre de etiquetas de identificación por radiofrecuencia (RFID, por sus siglas en inglés). Aunque su desarrollo ha sido posible gracias a la miniaturización de los componentes electrónicos, su polivalencia y funcionamiento se basan en algunas leyes simples del electromagnetismo.

Todos velamos por nuestra intimidad. Sin embargo, hay situaciones en las que podemos llegar a desear muy vivamente que nos localicen. Por ejemplo, si hemos sido víctimas de un alud de nieve y estamos esperando a que nos rescaten. A tal efecto existen los dispositivos ARVA, o aparatos de rescate de víctimas de un alud. Se trata de balizas que emiten y detectan señales de radiofrecuencia de 457 kilohercios. Si todos los miembros de un grupo de esquiadores llevan uno, el rescate en caso de accidente se verá muy facilitado.

A pesar de sus ventajas, el uso de tales dispositivos presenta también algunos inconvenientes. Su señal apenas alcanza unas decenas de metros; es decir, mucho menos que la longitud de onda de la radiación, de 656 metros. Cuando detector y emisor se encuentran a dicha distancia, decimos que el primero se halla en la zona de «campo cercano», en la que el campo electromagnético creado por el segundo se asemeja al campo magnético de un imán cuya polaridad oscila de manera periódica. Las líneas de campo forman bucles en torno a la antena emisora. La dirección que indica el dispositivo ARVA sigue esos bucles, por lo que no apunta directamente hacia la víctima. Por ello, localizar accidentados con un ARVA exige cierta experiencia. Además, estos aparatos necesitan su propia batería, son relativamente pesados (unos 300 gramos) y requieren mantenimiento.

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