Dos mundos, una física

Galileo y sus contemporáneos superaron la estricta separación entre una física del cielo y otra de la tierra que había dominado el pensamiento transmitido desde la antigüedad griega.

FRONTISPICIO DE JAN LUYTS, ASTRONOMICA INSTITUTIO, UTRECH 1697/SuW

Según uno de los mitos más populares de la historia de la ciencia, la caída de una manzana desde un árbol dio a Newton la idea clave de su mecánica celeste. Sin embargo, hacía ya más de medio siglo que Galileo había descrito, gracias a su ley sobre la caída de los cuerpos, cómo cae una manzana de un árbol. Por otra parte, fue también Galileo el primero en apuntar hacia el cielo un telescopio, inventado poco tiempo atrás. Cabe preguntarse, por tanto, por qué fue Newton, y no Galileo, el primero en proponer leyes mecánicas para el movimiento de los cuerpos celestes.

Aunque la historia de la manzana quizá se inventó con posterioridad, pone de relieve un aspecto crucial del descubrimiento de Newton: las leyes mecánicas que determinan algo profano y terrestre, cómo cae una manzana al suelo, son las mismas que gobiernan las trayectorias de los cuerpos celestes.

Hoy en día la idea de Newton puede parecernos casi trivial. Una de las suposiciones centrales de la física moderna es, precisamente, que las leyes que rigen el comportamiento de los fenómenos terrestres son las mismas que describen los fenómenos cosmológicos. Sin embargo, y por natural que hoy pueda parecernos esta idea (alimentada por el éxito de la física moderna), no le han faltado alternativas a lo largo de la historia.

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