Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

Augustin-Louis Cauchy

La intransigencia de Cauchy en asuntos políticos y religiosos no fue menor que su exigencia de rigor matemático. Fundó la teoría de variable compleja, que abrió un nuevo dominio a las matemáticas.

Évariste Galois es, sin duda, el más célebre de todos los matemáticos franceses de la prime­ra mitad del siglo XIX. La personali­dad extraordinaria de este sabio excepcionalmente precoz, la profundidad y la fecundidad de sus descubrimientos en la teoría de ecuaciones y las dramáticas condiciones de su prematura muerte en 1832, justifican su gloria póstuma. Existe, sin embargo, otro matemático francés de la misma época, mucho menos conocido del gran público, cuyo recuerdo merecería me­jor fortuna, pues su obra ocupa, en la historia de las matemáti­cas, un lugar al menos igual de importante. Este ma­temático es Augustin-Louis Cauchy.

Cierto es que este último nada tiene de héroe romántico. Su larga vida no refulge con ese relámpago efímero y prodigioso que fascina en el caso de Galois. Católico cercano a los jesuitas, monárquico ultra, Cauchy llega pronto a ser un sabio reconocido que ocupa desde muy joven cargos oficiales en las instituciones científicas de su tiempo. Pero es también, a su modo, un ser apasionado, al que ninguna consideración de interés o de conveniencia puede detener cuando se trata de defender e ilustrar lo que considera ser la verdad. En política, por ejemplo, su fidelidad a los Bor­bones es absoluta, tanto para lo bueno como para lo malo. Cómplice de las depuraciones de 1816, de las que se beneficia, prefiere en 1830 el exilio al perjurio, negándose a prestar juramento de fidelidad a los regímenes que se sucedieron en Francia hasta la hora de su muerte, a pesar de los graves inconvenientes de tal actitud. De igual forma, su fe cristiana no pareció conocer la duda, fe que practicó toda su vida con el celo de un neófito y el ardor de un misionero.

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.