Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

1 de Junio de 2014
Comportamiento animal

Un ave ingeniosa

El pollo doméstico es inteligente y consciente del mundo que le rodea, lo que suscita cuestiones espinosas sobre el trato que recibe en las granjas.

YVES LOGGHE, AP PHOTO

En síntesis

Cada vez más pruebas indican que el pollo doméstico goza de una inteligencia sorprendente.

Las aves son astutas, maquiavélicas y demuestran empatía. Además, poseen complejas habilidades comunicativas.

Tales rasgos hacen pensar que la inteligencia animal resulta más habitual de lo que se pensaba.

Esta nueva visión de la capacidad cognitiva del pollo tiene implicaciones éticas por el trato que estas aves reciben en las granjas modernas.

En el reino animal unos son más astutos que otros. Las aves, en particular, hacen gala de notables habilidades que se creían exclusivas de los humanos. Las urracas se reconocen frente al espejo; los cuervos de Nueva Caledonia aprenden a construir y a usar herramientas de sus mayores, y los loros grises africanos saben contar, clasifican objetos por el color o la forma y aprenden el significado de las palabras. Y una cacatúa sulfúrea llamada Snowball baila siguiendo el ritmo.

En cambio, pocas personas creen que los pollos gocen de inteligencia. Pero en los últimos años hemos descubierto que esta ave puede ser ingeniosa e incluso ladina, posee habilidades comunicativas comparables a las de algunos primates y emplea señales complejas para dar a conocer sus intenciones. Y no solo eso: cuando toma decisiones apela a su experiencia y sus conocimientos sobre la situación, resuelve problemas difíciles y siente empatía por los iguales que corren peligro.

Esta nueva visión de la mente del pollo hace pensar que ciertas habilidades cognitivas atribuidas tradicionalmente a los primates podrían ser más comunes de lo que se pensaba. Tales descubrimientos tienen repercusiones éticas por el trato que se les dispensa en las granjas avícolas. Reconocerles esos rasgos obliga a reconsiderar las condiciones que soportan en unos sistemas de producción destinados a obtener tanta carne y huevos como sea posible al menor precio.

A los investigadores les ha llevado casi un siglo averiguar qué discurre por el cerebro de los pollos. Los primeros indicios se remontan a los años veinte del siglo xx, cuando el biólogo noruego Thorleif Schjelderup-Ebbe dictaminó que las aves se regían por una «jerarquía del picotazo». Un sistema de dominancia que bautizó así después de comprobar en sus estudios que los pollos dominantes imponían su voluntad a los subordinados de esa guisa siempre que tomaban iniciativas por encima de su rango.

Artículos relacionados

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.