El raciocinio animal

Cada vez hay más indicios de que los animales de muchas especies pueden inferir conceptos, formular planes y emplear una lógica sencilla para resolver problemas.

Es opinión común que las facultades de pensar y de planificar son el sello distintivo de la mente humana. Se suele decir que la razón, que hace posible el pensamiento, es exclusivamente humana, por lo que nos distingue de las bestias. Pero esta cómoda hipótesis de superioridad intelectual se ha visto sometida a un escrutinio cada vez más escéptico en los últimos tiempos. La mayoría de los investigadores actuales contemplan al menos la posibilidad, antaño herética, de que algunos animales puedan, efectivamente, pensar. Al tiempo que varios de los triunfos aparentemente mentales de nuestra especie (el lenguaje, por ejemplo), han resultado deberle tanto a la programación innata como a la propia capacidad cognoscitiva.

Este vuelco de la fortuna se ha producido tras casi un siglo de abandono académico. El golpe más demoledor y duradero a la idea de la inteligencia animal provino del caso del ca­ballo Clever Hans (Hans el Listo), acaecido en 1904. Oskar Pfungst, el investigador que desveló el misterio de un animal que parecía tan inteligente como muchos seres humanos, describió la situación de manera muy gráfica: "Al final se había encontrado aparentemente lo que hacía tanto tiempo que se buscaba: un caballo que podía resolver problemas aritméticos, un animal que, gracias a un largo adiestramiento, no sólo dominaba algunos rudimentos, sino que aparentemente alcanzaba una capacidad de pensamiento abstracto que sobrepasaba, con mucho, las mayores expectativas de los más entusiastas." Hans también podía leer y comprender el alemán hablado.

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    Temas IyC Nº 17

    Julio/Septiembre 1999

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