En contra de la empatía animal

Aunque los chimpancés pasen la prueba del espejo, no parecen concebir los estados mentales ajenos, ni tan siquiera los propios.

ermítanme comenzar manifestando el extremo en el que Gordon Gallup y yo coincidimos: las reacciones de los chimpancés, cuando se ven en los espejos, ponen de manifiesto que estos animales poseen un concepto de sí mismos. También estamos de acuerdo en que esta facultad parece estar reservada a los grandes simios y a los seres humanos. Nuestras concepciones divergen a partir de ahí. Gallup considera que la capacidad del autorreconocimiento indicaría que los chimpancés son conscientes de sus propios estados psicológicos internos y que comprenden que los demás individuos también los poseen. Yo dudo de que esta elaborada interpretación de las reacciones de los chimpancés frente a los espejos sea correcta. Me parece discutible que posean en términos generales la profunda comprensión psicológica del comportamiento que resulta tan característica de nuestra especie. Describiré a continuación las razones por las que he llegado a esta conclusión y explicaré cómo es posible que seres humanos y chimpancés se comporten de forma tan parecida aunque su forma de entender tal comportamiento sea radicalmente distinta.

Consideremos el sencillo acto de la visión. Cuando nos damos cuenta de que alguien vuelve sus ojos hacia un objeto determinado, automáticamente interpretamos su acción en términos de sus estados psicológicos subyacentes —qué es lo que capta su atención, qué es lo que está pensando o qué tiene intención de hacer a continuación—. Lo normal es que estas inferencias se basen en movimientos bastante sutiles de sus ojos y de su cabeza.

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    Temas IyC Nº 17

    Julio/Septiembre 1999

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