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1 de Julio de 1999
Metrología

Medición de la inteligencia

Las pruebas habituales no tienen en cuenta destrezas muy importantes para el éxito académico y profesional.

Los adolescentes occidentales pasan más de 5000 horas en centros de segunda enseñanza y varios miles de horas más estudiando en las bibliotecas y en sus casas. Pero el destino de los estudiantes estadounidenses que quieren ingresar en la universidad lo deciden en gran parte las tres o cuatro horas que les lleva escribir sus respuestas al SAT (Scholastic Assessment Test) o al ACT (American College Test). Cuatro años después se encuentran en parecida situación cuando tratan de tener acceso a las facultades de medicina, derecho o ciencias empresariales. Las puntuaciones exigidas para esos accesos son altas. En su libro de 1994 The Bell Curve, Richard J. Herrnstein y Charles Murray hicieron notar que hay una correlación entre las calificaciones basadas en dichas pruebas y varias medidas del éxito, como, por ejemplo, la consecución de empleo. Advertían estos autores que en los EE.UU. se está creando una "elite cognitiva"-formada por sujetos muy cualificados para desempeñar tareas prestigiosas y lucrativas- y una gran masa de población que tendrá que contentarse con salarios bajos en puestos de ningún porvenir. Y sugerían que lo que hace que las cosas funcionen de tal modo es una invisible mano de la naturaleza.

Lo que ocurre es que esa "mano" no es, en gran parte, ni invisible ni natural. Se ha decidido socialmente que quienes saquen buenas puntuaciones en dichas pruebas tengan garantizada la admisión a las mejores escuelas y, por tanto, a los caminos que llevan al éxito. Claro está que también suelen ser determinantes otros criterios: el de pertenencia a una familia importante, o al partido del gobierno o a una religión determinada. Una sociedad puede anteponer los criterios que quiera, incluso el de la estatura física, que haría que los individuos más altos ocupasen en seguida los puestos de más prestigio. (Por raro que parezca, no faltan quienes siguen ya este criterio en alguna medida.) ¿Por qué se ha decidido en los EE.UU. y en otros países que el acceder o no a los puestos de trabajo dependa básicamente de los resultados que se obtengan en las pruebas psicotécnicas? ¿Son éstas realmente las medidas que deberían usarse? Las respuestas están en cómo se empezó a tratar de medir la inteligencia.

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