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1 de Abril de 1998
Meteorología

Las nubes

Para comprender los detalles de su formación y desarrollo hay que conjugar los resultados de las observaciones con las leyes de la dinámica de fluidos y las de la microfísica.

Las nubes son múltiples y variadas. Las hay pacíficas, que anuncian un tiempo clemente. Otras provocan fenómenos violentos y desastrosos, como el granizo, el rayo, los vendavales y los tornados. El pe ligro que esto representa para vidas y haciendas nos atemoriza. Difie ren también entre sí las nubes por el ta maño: las convectivas aisladas pueden ocupar unos cuantos kilómetros cuadrados, mientras que hay sis temas nubosos que se extienden so bre decenas y centenares de kilómetros; los sistemas multicelulares, los complejos convectivos y las líneas de turbonada cubren algunos miles de ki lómetros. Para tratar de entenderlas, los investigadores estudian la electricidad atmosférica, la microfísica y la dinámica. También evalúan la contribución de las nubes al equilibrio radiativo del planeta y a la redistribución de la energía entre el ecuador y los polos.

Si hacemos un rápido repaso histórico, el relámpago es el fenómeno tormentoso que se trató de explicar primero. Benjamin Franklin puso de manifiesto su naturaleza eléctrica en el siglo XVIII. Los conocimientos de electricidad atmosférica han progresado luego, pero las dificultades de medida in situ siguen dificultando el progreso de esta subdisciplina de la física de nubes. La comprensión de los mecanismos de electrización atmosférica no es imprescindible, por suerte, para el estudio de las nubes, que pueden describirse mediante la microfísica y la dinámica. Los fenómenos eléctricos atmosféricos dependen, por contra, de la naturaleza de los hidrometeoros, que son partículas de agua líquida o sólida presentes en las nubes y cuyos tamaños van de unos cuantos micrometros a varios milímetros (véase la figura 3). La mi crofísica se dedica a describir la evolución de los hidrometeoros.

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