Ciencia experimental

Medición de la electricidad de las gotas de lluvia

Uno de mis mejores amigos de la facultad era Michel North, un irlandés fornido al que, por el color zanahoria de su pelo, le llamábamos Red. Pasaba los veranos trabajando para el Servicio Forestal de EE.UU., encargado de la limpieza de los bosques y atento a los focos de incendios desde las torres de vigía destacadas en las elevadas cimas de la Sierra Nevada de California. Cierto día el sopor de la siesta estuvo a punto de costarle la vida. Cuando el trueno le despertó, ya era tarde para escapar. La base negra del cúmulo tormentoso se cernía directamente sobre él, a decenas de metros por encima del pináculo de la torre metálica. Sin tiempo que perder, colocó en el suelo cuatro jarras de cerveza de vidrio; sobre las jarras, un taburete de madera; sobre éste, acuclilló su cuerpo. No tardó en caer el primer rayo, que sacudió a la torre y a él lo despidió de su aislamiento eléctrico.

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