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1 de Enero de 2011
Cambio climático

Escépticos frente a ortodoxos

¿Cabe esperar una conversación civilizada sobre el cambio climático?

Judith Curry ha estado en el centro de un agrio debate entre climatólogos. [FOTOGRAFÍA DE GREGORY MILLER]

En síntesis

La hostilidad entre la corriente ortodoxa en climatología y la comunidad de escépticos del cambio climático impide un diálogo que, según algunos expertos, podría resultar beneficioso.

Tras el Climategate y algunas acusaciones al IPCC, la opinión pública se encuentra más desconcertada que nunca, sobre todo en lo referente a las incertidumbres que rodean al futuro del clima.

Es importante entender que, en ciencia, incertidumbre no significa lo mismo que ignorancia. La ciencia es, más bien, una metodología para cuantificar lo desconocido.

Los climatólogos deben aprender a comunicar a la opinión pública lo que entienden por márgenes de error y han de saber responder a las críticas de quienes no comparten sus teorías.

Al tratar de comprender la controversia que ha rodeado a Judith Curry, resulta tentador inclinarse por una de las dos argumentaciones más cómodas. Curry, directora de la Escuela de Ciencias de la Tierra y la Atmósfera del Instituto de Tecnología de Georgia, es conocida por sus investigaciones sobre los huracanes o la dinámica de los hielos árticos, entre otros temas. Desde hace algo más de un año, sin embargo, es mencionada a menudo por una causa que molesta, si no enfurece, a muchos de sus colegas de profesión: Curry ha mantenido un diálogo activo con la comunidad de escépticos del cambio climático, sobre todo a través de blogs como Climate Audit, Air Vent o Blackboard. Y, en el camino, ha acabado por cuestionar las reacciones de los climatólogos ante quienes dudan de su ciencia, con independencia de lo asentada que esta se encuentre. Es cierto que numerosos escépticos no hacen sino reciclar críticas refutadas hace tiempo, pero otros, opina Curry, plantean objeciones válidas. Al echarlas todas en el mismo saco, los expertos no solo están desperdiciando una ocasión para depurar su ciencia, sino que proyectan una imagen altiva y engreída ante a la opinión pública. Según Curry: «Es cierto que se dicen muchas excentricidades, pero no todo lo es. Aunque solo un uno o un diez por ciento de las objeciones fuesen legítimas, habríamos hecho bien [en considerarlas], porque nos hemos dejado lastrar demasiado tiempo por un pensamiento de grupo».

Curry reserva sus críticas más feroces para, el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC). Para casi todos los expertos, los informes que cada cinco años publica el organismo de las Naciones Unidas representan el consenso en climatología. Pocos afirmarían que el IPCC es perfecto, pero Curry opina que necesita una reforma sustancial y lo tacha de corrupto. «No voy a criticar al IPCC para respaldarlo después. Su proceder no me merece suficiente confianza», explica. Si afirmaciones semejantes se rumoreasen en congresos o salas de reuniones, se entenderían como parte de las discrepancias inherentes a una ciencia en proceso de maduración. Pero, pronunciadas en los mismos foros que en noviembre de 2009 difundieron la correspondencia privada de lo que dio en llamarse Climategate, han sido tachadas de traición por muchos.

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