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1 de Febrero de 2013
Cambio climático

Inviernos extremos

El deshielo de la banquisa ártica está provocando inviernos inusualmente fríos y nevosos en Europa y Estados Unidos.

ESTUDIO DE VISUALIZACIÓN CIENTÍFICA DEL CENTRO GODDARD DE VUELOS ESPACIALES DE LA NASA; BLUE MARBLE DATA, CORTESÍA DE RETO STÖCKLI

En síntesis

El calentamiento global ha acelerado el deshielo de la banquisa estival ártica. Con ello, ha alterado las condiciones atmosféricas que determinan la intensidad de los inviernos en EE.UU. y Europa.

Esos cambios permiten que el aire polar invada las latitudes medias, lo que favorece la aparición de intensas olas de frío invernales. Así ha sucedido en varias regiones durante los últimos años.

El deshielo que ha experimentado el Ártico durante el último verano augura nuevos episodios de frío intenso para este invierno. Cuando llegue la primavera, podremos evaluar los resultados.

Los tres últimos inviernos han sido inusitados en ciertas regiones de Norteamérica y Europa. Entre 2009 y 2011, la costa este de Estados Unidos y las regiones occidental y septentrional de Europa sufrieron tormentas invernales extremadamente frías y nevosas. Una de ellas, el snowmageddon de febrero de 2010 (de snow, «nieve», y Armageddon, uno de los escenarios mencionados en el libro de la Revelación), paralizó el Gobierno estadounidense durante más de una semana. Más tarde, en octubre del mismo año, el Centro de Predicción Climática (CPC) de la Administración Nacional de la Atmósfera y el Océano estadounidense (NOAA) pronosticó un invierno benigno en la zona oriental de EE.UU. para la temporada 2010-2011. Aquella predicción se basó en los efectos moderadores que La Niña debería haber inducido sobre dicha zona. Sin embargo, y a pesar de dicho fenómeno, en enero de 2011 las ciudades de Nueva York y Filadelfia experimentaron temperaturas gélidas y nevadas sin precedentes. El acontecimiento tomó por sorpresa al CPC y a otras instituciones.

El año pasado trajo consigo más sobresaltos. Mientras el este de Estados Unidos gozaba de uno de los inviernos más suaves de su historia, otras regiones de Norteamérica y Europa corrieron una suerte muy distinta. En Alaska, la temperatura media del mes de enero se situó 10 grados Celsius por debajo de la media registrada en ese mes durante los últimos años. En el sudeste de dicha región, una tormenta enterró algunas ciudades bajo una capa de nieve de dos metros. Al mismo tiempo, una ola de frío extremo descendía sobre el este y el centro de Europa, donde las temperaturas descendieron hasta los 30 grados Celsius bajo cero y la nieve alcanzó los tejados de las casas. Cuando amainó, hacia principios del mes de febrero, el temporal se había llevado por delante la vida de 550 personas.

¿Cómo explicar tales fenómenos en una década (2002-2012) que se ha revelado como la más cálida desde que comenzaron a registrarse las temperaturas globales, hace 160 años? La respuesta parece hallarse en un fenómeno moderno y sin precedentes: la acusada pérdida de banquisa ártica durante la temporada estival.

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