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Actualidad científica

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  • Octubre/Diciembre 1996Nº 6
Taller y laboratorio

Ciencia experimental

Construcción de un microscopio simple de Anton Leeuwenhoek

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La falta de visión de Adán, cuando dio nombre a las criaturas de la Tierra (Génesis, 2:19), puso las cosas realmente difíciles para sus descendientes científicos. Si hubiera hecho una lista de los animales según los nombraba, ¡cuán fácil sería ahora, por ejemplo, clasificar una preparación microscópica! Tal como están las cosas, el redescubrimiento y nueva denominación de los organismos del mundo ha supuesto una lenta y penosa labor. Aristóteles conocía unos 520 animales y Teofrasto podía identificar aproximadamente otras tantas plantas. Gracias principalmente a Linneo y a la invención del microscopio, nuestro catálogo actual ha aumentado hasta más de un millón de especies animales y como medio millón de especies de plantas. A pesar de lo cual el censo de la vida sobre la Tierra está lejos de ser completo; nadie sabe cuántos miles de especies quedan por descubrir y clasificar.

La búsqueda para completar y ordenar la colección de organismos constituye uno de los desafíos más agradecidos de la ciencia. Y para los aficionados a ésta, se trata de un deporte apasionante. Se puede participar con sólo adquirir un microscopio, ya que la zona más extensa por explorar está ocupada por los microorganismos. Pero la microscopía presenta para el aficionado otros atractivos además del hallazgo de nuevos organismos.

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