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Actualidad científica

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  • Octubre/Diciembre 1996Nº 6

óptica

Hologramas de luz blanca

Existen varios modos de ver hologramas con luz incoherente normal, que hacen superflua cualquier dependencia de la luz coherente del láser y de la luz casi coherente de la lámpara de arco de mercurio.

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La técnica de la holografía, o fotografía por reconstrucción de frentes de onda, fue inventada en 1947 por Dennis Gabor como una posible forma de mejorar el poder de resolución del microscopio electrónico, si bien no suscitó atención hasta los años setenta. Por aquella época Juris Upatnieks y el autor introdujeron una serie de innovaciones que hicieron posible extender el principio de Gabor más allá de sus aplicaciones iniciales. Por ejemplo, el uso del mé­todo del haz de referencia fuera del eje permitió obtener imágenes holográficas de mejor calidad. Apro­ve­chando que la luz del láser es intensa y muy coherente pudimos obtener por primera vez imágenes holográficas de gran verismo de varios tipos de objetos reflectantes tridimensionales. El desarrollo posterior de la holografía ha estado muy ligado al del láser, por cuanto la demanda de mayores y mejores hologramas de escenas más amplias y abundosas ha tendido a incrementar la necesidad de coherencia de las fuentes de luz empleadas.

El deseo paralelo de hacer la holografía más práctica, y por tanto más universal, indujo a la búsqueda de métodos que redujeran las exigencias de coherencia del proceso. Pronto hubo hologramas que podían observarse con luces incoherentes como la solar o la luz blanca de una lámpara de incandescencia corrien­te, y no sólo con la ayuda de la luz coherente de un láser, lo que sorpren­dió a muchos.

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