Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

Fuego y evolución en el Mediterráneo

El fuego y los incendios forestales han existido siempre en la historia de la vida terrestre. Un gran número de especies vegetales han adquirido características que les confieren resistencia a los incendios recurrentes.

Típico incendio del matorral mediterráneo, donde las plantas se ven completamente afectadas por el fuego (incendio de copa). [Juli G. Pausas]

En síntesis

En los matorrales mediterráneos se han seleccionado, a lo largo de la evolución, dos características básicas que favorecen la persistencia en regímenes de incendios recurrentes: la capacidad de rebrotar y la capacidad de reclutar nuevos individuos tras el fuego.

Las especies no están adaptadas al fuego, sino a un régimen de incendios determinado.

Los incendios han moldeado numerosas especies de plantas y también a los humanos. Estos, a su vez, han moldeado los regímenes de incendios.

Las plantas y el fuego guardan una estrecha relación desde sus orígenes, ya que las primeras proporcionan oxígeno y combustible, dos elementos básicos para la existencia del segundo. El tercer elemento indispensable para el fuego es una fuente de ignición: rayos, volcanes, meteoritos y otros fenómenos que probablemente han existido siempre en la historia de la Tierra. Tras su aparición en el Silúrico (hace 450 millones de años), las plantas terrestres colonizaron todos los rincones del planeta; con ello incrementaron el oxígeno atmosférico y la biomasa inflamable. Según las huellas de incendios (carbones fósiles), estos vienen produciéndose desde el inicio de la vida terrestre. Sin embargo, se observa una acumulación de carbones fósiles, indicativa de incendios masivos, en el Carbonífero (hace 359 millones de años). Durante esta época se alcanzó un máximo en la concentración de oxígeno (31 por ciento), que permitía a la vegetación arder incluso en condiciones de humedad elevada. A partir de entonces, los niveles de oxígeno se estabilizaron de forma progresiva; a mediados del Terciario, alcanzaron valores similares a los actuales (21 por ciento).

Además de los cambios en la concentración de oxígeno atmosférico, que tuvieron una incidencia notable en el régimen de incendios durante el Paleozoico, la vida en la Tierra ha sufrido otros grandes cambios que han ido modificando la frecuencia, la estacionalidad, la intensidad y el tipo de incendios, es decir, el régimen de incendios.

En primer lugar, las variaciones de isótopos de oxígeno en los hielos antárticos o en sedimentos oceánicos demuestran que el clima ha ido cambiando durante la historia de la vida en la Tierra. Ello sugiere cambios en el régimen de incendios, puesto que este depende en gran medida del régimen de precipitación y temperatura.

Otro de los factores que alteran el régimen de incendios corresponde a los cambios en la abundancia de herbívoros, ya que fuegos y herbívoros comparten los mismos recursos (las plantas). La abundancia de grandes herbívoros mantiene unos niveles bajos de biomasa vegetal, lo que limita el tamaño y la intensidad de los incendios. Las extinciones masivas del Cretáceo-Terciario (dinosaurios) y del Holoceno (mamuts) generaron importantes acumulaciones de combustible y modificaron los regímenes de incendios (pensemos que un elefante actual, más pequeño que muchos herbívoros primitivos, consume unos 200 kilogramos de vegetación al día).

El tercer factor determinante para el régimen de incendios también guarda relación con la fauna: en concreto, con la especie Homo sapiens. Por un lado, el dominio del fuego favoreció la evolución de los homínidos. Por otro, durante los últimos milenios, los humanos hemos alterado la estructura de la vegetación (combustible) y el número de igniciones en la mayor parte del planeta.

Todos esos cambios en el régimen de incendios pueden identificarse a partir de los micro y macrocarbones acumulados en turberas y en los fondos oceánicos. Desgraciadamente, existen muy pocos datos de carbones que se remonten al Terciario, pues la mayoría incluyen solo el Cuaternario y, en especial, el Holoceno (los últimos 12.000 años). Debido a esta falta de datos, conocemos escasos detalles de la variabilidad temporal de los incendios a lo largo de la historia de la vida.

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.