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1 de Mayo de 2011
Redes sociales

Comunidades virtuales

Facebook, Twitter y otras redes sociales en Internet han evolucionado en pocos años hacia un fenómeno global. ¿Cómo influyen este tipo de relaciones en la psique de los usuarios?

ISTOCK/CHOMBOSAN

En síntesis

A medida que proliferan las redes sociales, la gente ha modificado su modo de pensar acerca de Internet. De un instrumento de uso en solitario, se ha convertido en un medio que incide en aspectos de la naturaleza y la identidad humanas.

El tiempo invertido en redes sociales ha crecido más rápido que el uso general de Internet. Hoy supone un porcentaje considerable del tiempo total de conexión en línea.

Las redes sociales pueden mitigar la soledad y fortalecer la autoestima, aunque también pueden producir el efecto contrario. Depende del usuario.

A Javier (nombre ficticio) le gusta explicar a todo el mundo, en todo momento y con todo detalle sus quehaceres. Su página en Facebook expone sin cesar entradas como «He terminado mi capuchino; ahora voy a salir a pasear con Pluto un rato» o «He perdido la receta de mi deliciosa tarta de chocolate... vaya desastre... glups». Como otros millones de usuarios de las redes sociales en Internet, Javier se encuentra convencido de que sus amigos en la Red quieren saber a cada instante acerca de su vida, por ello procura mantenerlos informados cada 30 o 60 minutos.

El comportamiento de Javier y demás usuarios de las redes sociales puede parecer una banalidad. Sin embargo, todos ellos participan en el mayor experimento de interacción social jamás realizado. Si bien Internet ha ofrecido desde sus inicios un ámbito flexible para congregar mentalidades afines, la aparición de las redes sociales aporta una considerable estructura al caos.

En un trabajo fundacional publicado en 2007, los expertos Danah Boyd, de Microsoft Research New England en Cambridge (Massachusetts), y Nicole B. Ellison, de la Universidad Estatal de Michigan, definieron una red social como un sistema con tres características básicas: debe proporcionar un foro que permita a los usuarios construir un perfil público o semipúblico; crear una lista de otros usuarios con los que mantener contacto; y ver y moverse por la propia lista de conexiones así como por la de otros usuarios. Esas son las características que cumplen redes sociales como Facebook, Twitter y LinkedIn, entre otras muchas. Hoy, su uso se ha globalizado y congregan a miles de millones de usuarios de todo el mundo.

A medida que han proliferado las redes sociales, han cambiado los criterios sobre el uso de Internet. De un medio empleado en solitario ha pasado a convertirse en uno que incide en cuestiones relacionadas con la naturaleza y la identidad humanas: quiénes somos, qué sentimos en relación a nosotros mismos y cómo nos comportamos unos con otros. Mientras las viejas teorías sobre la socialización en línea se derrumban, brotan nuevas preguntas en torno a la relevancia psicosocial del uso de las redes sociales.

A todos los solitarios

En general, concebimos la soledad como un aislamiento físico con respecto a las demás personas. Sin embargo, tal definición no acierta a expresar la carga negativa del sentimiento; es decir, la profunda decepción que supone pensar que nuestras relaciones sociales no se corresponden con las expectativas. Dicha sensación puede también describir lo que experimentan muchos usuarios de las redes sociales. Cabría deducir que la abundancia de contactos fuese una cura para la melancolía y que, cuanto más numerosos sean los contactos, más oportunidades habrá de encontrar relaciones gratificantes. La realidad, sin embargo, resulta más compleja.

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