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1 de Septiembre de 1986
Geología

Estructura de las cordilleras

¿Qué sostiene las montañas? Unas se apoyan en placas de roca dura; otras flotan en raíces corticales que penetran profundamente en el manto. Si cedieran sus flancos, estas últimas se desplomarían.

Lo que primero suele sorprendernos al contemplar una montaña es la topografía: su dimensión extraordinaria, las formas labradas por glaciares y ríos, los contornos romos y decorados con vegetación. Muchos sienten el mismo temor reverencial que ante determinadas construcciones humanas, como los arcos y vidrieras polícromas de una catedral gótica. Al observar un paisaje resulta fácil olvidar que se requieren fuerzas enormes para levantar y sostener una cordillera. Todas ellas, cual catedrales, se apoyan sobre cimientos, sin los cuales se derrumbarían. Si se desea experimentar algo más que un asombro mudo ante montañas o edificios, será preciso comprender los mecanismos invisibles que sostienen la belleza visible. He aquí el propósito de este artículo: describir la estructura subyacente —la tectónica, si no la arquitectura— de las cordilleras.

 

Dos clases de sostén

La analogía con la arquitectura no es mera retórica; las diversas soluciones que los arquitectos han dado al problema de afianzar los edificios encuentran paralelismos en la estructura de las cordilleras. Una de ellas es construir sobre cimientos de roca dura, inflexible. Por ejemplo, algunos de los edificios más altos del mundo se alzan sobre esquisto de Manhattan, una formación rocosa que no se ha calentado ni deformado significativamente (y por tanto no se ha debilitado) desde finales del Precámbrico, hace unos 600 millones de años. Las montañas más altas del mundo, el Himalaya, son como esos rascacielos: se alzan sobre un grueso escudo de roca precámbrica dura, el borde septentrional del subcontinente indio.

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