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Actualidad científica

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  • Abril/Junio 2000Nº 20

Geología

La erosión, constructora de montañas

Entenderemos mejor la historia de la Tierra si conocemos la forma en que la interacción entre las fuerzas tectónicas, erosivas y climáticas modela las montañas.
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Las montañas ocupan un volumen mayor que todas las estructuras de construcción humana juntas. Además, están esculpidas con un detalle que no iguala un palacio barroco. El pináculo del mundo --la cima del Everest-- alcanza los 8848 metros, unas 15 veces más que el más alto de los edificios levantados por mano humana. No debe, pues, sorprendernos que una topografía tan espectacular haya infundido temor e inspirado a artistas y aventureros a lo largo de la historia.
Las recientes investigaciones han conducido a un enfoque nuevo sobre la génesis del relieve más imponente del planeta. Las montañas se crean y modelan, tal parece, no sólo por los movimientos de las grandes placas tectónicas que constituyen el exterior de la Tierra, sino también por el clima y la erosión. En particular, las interacciones entre procesos tectónicos, climáticos y erosivos ejercen una influencia sobre la forma y la altitud máxima de las montañas, así como sobre la cantidad de tiempo necesario para construir --o destruir-- una cordillera. Paradójicamente, el modelado de las montañas parece depender tanto de las fuerzas destructivas de la erosión cuanto del poder constructivo de la tectónica. Tras un siglo de considerar la erosión como la hermana débil de la tectónica, muchos geólogos opinan ahora que la erosión ha de ocupar el rango de cabeza de familia. En palabras de un grupo de investigadores: "Saboreamos la ironía de que las montañas deban su [musculatura] al tintineo de minúsculas gotas de lluvia".

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