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Getty Images/iStock; modificado por Investigación y Ciencia

Contrariamente a lo que en ocasiones podríamos pensar, la tecnología no es algo exclusivo de nuestra especie. Entendida en un sentido amplio como el conjunto de técnicas y herramientas destinadas a transformar el entorno con un fin específico, su uso está ampliamente documentado en todo tipo de animales no humanos, desde los chimpancés que emplean ramas para cazar insectos hasta los pulpos que manipulan cáscaras de coco arrojadas al mar para construir refugios. Sin embargo, hay algo que sí caracteriza a Homo sapiens: nuestra singular capacidad para fabricar herramientas usando otras herramientas. Ese paso adicional cambia por completo las reglas del juego, puesto que permite que la creación de útiles cada vez mejores redunde en la aparición de otros completamente nuevos. Un proceso que, a su vez, ha impulsado nuestro desarrollo social y cognitivo, y que ha dado lugar a un bucle de retroalimentación que, al menos hasta ahora, no parece conocer fin.

Dicho proceso nunca ha sido lineal ni uniforme. No obstante, en las últimas décadas, la acumulación exponencial de innovaciones tecnológicas y científicas ha cristalizado en la aparición casi simultánea de varias técnicas que, quizá por primera vez en la historia, presentan el potencial de transformar de arriba abajo nuestras sociedades en el plazo de una o dos generaciones. No hablamos de futuribles lejanos del estilo de viajes interestelares, sino de realidades ya tan tangibles como la inteligencia artificial, la robótica o los avances en computación y tratamiento de ingentes cantidades de datos (págs. 4-39). También de otras que atañen directamente a nuestra biología y fisiología, como las interfaces cerebro-máquina, el cultivo de órganos, la biología sintética o la edición genética (págs. 40-77). ¿Cómo afectarán estos avances a nuestro futuro inmediato? ¿Qué dilemas éticos y filosóficos plantean?

A través de algunos de los mejores artículos publicados en los últimos años en Investigación y Ciencia, el presente monográfico ofrece varias claves para entender a dónde puede llevarnos mañana la tecnología que estamos desarrollando hoy. El lector tendrá la suerte de encontrar en estas páginas a algunos de los mayores expertos mundiales en sus respectivas disciplinas, como Yoshua Bengio, catedrático de ciencias de la computación de la Universidad de Montreal y uno de los padres del aprendizaje profundo; Alex «Sandy» Pentland, catedrático del Instituto de Tecnología de Massachusetts; Scott Aaronson, experto en computación cuántica de la Universidad de Texas en Austin; Juan Carlos Izpisúa, experto en medicina regenerativa del Instituto Salk de Estudios Biológicos en California; Karl Deisseroth, profesor de la Universidad Stanford y pionero de la optogenética, y Ricard V. Solé, experto en sistemas complejos de la Universidad Pompeu Fabra y el Instituto Santa Fe.

Un error común consiste en pensar que, dado que las innovaciones tecnológicas son creaciones nuestras, su desarrollo futuro quedará sometido a nuestro control consciente. Eso es cierto solo en parte. Los humanos hemos creado nuestra tecnología, pero no la hemos diseñado. Como en estas páginas nos recuerda Solé, «la tecnología se comporta, hasta cierto punto, como un reino no tan distinto de los que encontramos en la naturaleza». De hecho, hace tiempo que el desarrollo de nuestra especie y el de la tecnología obedecen al proceso que los científicos denominan «coevolución», en el que los cambios en la primera afectan a los que tienen lugar en la segunda y viceversa (págs. 78-95).

Un escenario que suele tomarse como referencia para analizar el futuro tecnológico de la humanidad es la llamada «singularidad», un concepto popularizado en 2005 por el inventor Raymond Kurzweil y que describe el hipotético momento en el que las máquinas serán las depositarias de todo el saber humano. Con independencia de lo plausible que sea dicho escenario o de lo cercano que se encuentre en el tiempo, varios expertos han encontrado en él un experimento mental útil para plantear las preguntas relevantes sobre el futuro de nuestra especie e investigar sus posibles respuestas. En esa línea, varias consideraciones futuristas y de carácter filosófico cierran este monográfico.

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