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1 de Noviembre de 1985
Astronomía

Heliosismología

Las ondas acústicas del interior solar se observan en forma de oscilaciones en la superficie. Su configuración y período nos hablan de la estructura, dinámica y composición del Sol.

El estudio del Sol, la estrella más próxima, resulta crucial para conocer el interior de las estrellas. Pero la superficie visible de aquél, la fotosfera, es una capa que apenas alcanza algunos centenares de kilómetros de espesor y no llega a la milésima parte del radio solar. La fotosfera ofrece sólo pruebas indirectas de la estructura y de la dinámica del Sol, y no muchas. El movimiento de las manchas solares muestra que tarda casi un mes en completar una rotación, siendo ésta más rápida en el ecuador que en los polos. Una estructura en forma de granos de arroz, conocida como granulación, cambia de minuto en minuto e indica la existencia de una vigorosa turbulencia en los gases que hay debajo mismo; otra configuración, más sutil y a mayor escala, la llamada supergranulación, revela aspectos de una circulación que se cree tiene una profundidad del orden de decenas de miles de kilómetros. La superficie presenta también campos magnéticos que varían de una forma complicada con el ciclo de actividad solar, que dura 11 años.

Tales fenómenos son manifestaciones superficiales de procesos que se desarrollan en sus regiones interiores: en la parte central, donde la fu­sión termonuclear genera la energía solar; en la zona radiativa, donde la energía se difunde lentamente hacia el exterior por medio de la absorción y la emisión atómicas, y en la zona convectiva (que se cree ocupa el 30 por ciento más externo del radio solar, mientras que contribuye solamente con un uno por ciento a su masa), donde los remolinos turbulentos de gas, ascendentes y descendentes, transportan la energía hacia el exterior, hasta la fotosfera. Sin embargo, como esas regiones no se dejan ver directamente, la mayor parte de lo que se sabe acerca del interior del Sol y de otras estrellas se conoce por inferencia.

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