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Actualidad científica

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  • Enero/Marzo 1997Nº 7

Astronomía

Nacimiento y muerte de la nova V1974 Cygni

La nova más brillante de los últimos 17 años aclaró, mientras vivió, muchos interrogantes. Tras su muerte, planteó bastantes más.

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Jamás se habían dedicado tantos astrónomos ni tantos instrumentos al estudio de una nova. Desde el día en que explotó V1974 Cygni, a principios de 1992, se la ha observado en todas las frecuencias, de las ondas de radio a los rayos X, me­diante instrumentos situados en tie­rra, en el aire, en órbita y más allá. Durante su primer año la erupción arrojó gases encendidos cuya evolución se ajustó a las predicciones aventuradas por los modelos teóricos veinte años atrás. De forma inesperada, en su segundo año, la nova se apagó. Aún seguimos preguntándonos la razón de tan corta vida.

Peter Collins avistó la explosión a primeras horas de la mañana del 19 de febrero de 1992. Algunas horas después observábamos la nova con el satélite Explorador Internacional en el Ultravioleta (EIU). La detectamos en su fase de "bola de fuego", una imagen que nos es familiar gracias a las fotos de explosiones de bombas de hidrógeno tomadas en el momento en que los gases comienzan a expandirse. En poco tiempo vino a ser la única nova a la que se ha visto nacer y morir. Los rayos X de baja energía procedentes de su núcleo dejaron de percibirse a finales de 1993: la explosión nuclear se había quedado sin combustible.

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