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Actualidad científica

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  • Julio/Septiembre 2001Nº 25

Reproducción

Inmunología del embarazo

La madre tolera la presencia del feto a pesar de que lleve moléculas específicas del padre. La gestación es un "bricolaje evolutivo" perfeccionado.

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Todos los seres humanos difieren entre sí y llevan “etiquetas” que los individualizan. Esta es la razón de que los órganos de una persona sufran un rechazo si se transplantan a otra, a no ser que se “amordace” el sistema inmunitario del huésped, que es el que reconoce lo que es propio del organismo concreto. El sueño de todo inmunólogo especialista en transplantes, el injerto a voluntad de órganos y de tejidos humanos, incluso de tejidos procedentes de otras especies animales, se cumple cada día: es el “injerto fetal”, esa unión de madre e hijo que se produce durante el embarazo entre los mamíferos vivíparos. El “producto”, es decir el conjunto del embrión, la placenta y los anexos, procede de una célula originaria en la que la mitad de los “marcadores de lo propio” proviene del padre y la otra mitad de la madre. El óvulo fecundado y la placenta son “medio” extraños al organismo materno.

Hay casos en los que el embrión resulta de la fecundación de un ovocito por un espermio provenientes ambos de donantes, como en ciertos supuestos de procreación médicamente asistida. El embrión es entonces completamente extraño a la madre que lo alberga. También se ha conseguido obtener sin ninguna manipulación inmunitaria gestaciones de ciertos animales como resultado de fecundaciones realizadas por machos de otra especie; son los llamados xenoinjertos.

Mientras que sin un tratamiento inmunosupresor apropiado los transplantes de órganos entre donantes y receptores incompatibles acaban en rechazos cada vez más fuertes, las placentas se toleran cada vez mejor de una gestación a otra, siendo su tamaño cada vez mayor. Los embarazos sucesivos favorecen una tolerancia inmunitaria de la madre hacia los tejidos paternos cada vez mayor en algunas especies.

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