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Actualidad científica

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  • Julio/Septiembre 2001Nº 25

Evolución

¿Sobreviviremos?

Dado que huésped y microorganismo patógeno evolucionan a la par, ¿conservará el sistema inmunitario su predominio?

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La especie humana ha existido en una forma muy parecida a la actual durante unos 200.000 años. A lo largo de este tiempo cabe suponer que el sistema inmunitario ha desempeñado un papel decisivo en nuestra capacidad de resistir la exposición a parásitos, bacterias, virus, toxinas y otros factores de riesgo que se hacen fuertes por interacción con la bioquímica de nuestro organismo. Debe advertirse que esta relación ha sido mutua y permanente, en la que los dos bandos han ido adaptándose por medios muy diversos, desde la guerra declarada hasta la acomodación e incluso la simbiosis. A medida que la relación ha seguido su curso, ni nosotros ni nuestros cohabitantes nos hemos estancado, hablando en términos evolutivos. Tan larga carrera debería por sí sola darnos confianza en que nuestra especie seguirá sobreviviendo, al menos en lo que se refiere al mundo microbiano. Pero tal optimismo podría convertirse fácilmente en tonadilla silbada al atravesar un cementerio, como si no fuera con nosotros.

La sombra de duda la han traído ciertos cambios operados en aspectos clave de las condiciones de vida de la humanidad. Nuestro sistema inmunitario se enfrenta hoy a desafíos más terribles que nunca. Durante quizás un siglo —intervalo insignificante en una perspectiva evolutiva— alrededor del 20 por ciento de la humanidad ha vivido en la moderna sociedad industrial, un entorno artificial que hemos construido, notablemente libre de los parásitos y gérmenes patógenos que desencadenan la respuesta de nuestro sistema inmunitario. ¡Pues muy bien! se dirá acaso. Sin embargo, conviene preguntarse por el efecto de subempleo que semejante progreso haya tenido sobre nuestras defensas.

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