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1 de Abril de 2011
Historia de la química

La revolución está en el aire: 1772-1773

Inspirado por los descubrimientos de diversos científicos sobre la naturaleza de los gases, Lavoisier comprende que es necesario reformar el cuadro teórico tradicional, en una empresa cuyas proporciones se anuncian revolucionarias.

Le Scienze

La filosofía de la materia defendida por los químicos de la primera mitad del Setecientos se basaba esencialmente en la teoría de los cuatro elementos de Aristóteles y de los tres principios de Paracelso. Agua, aire, tierra y fuego, con el añadido de mercurio, sal y azufre, daban cuenta de la diversidad de compuestos, sustancias, metales, minerales y otras formas de agregación química. Semejante impostación general justificaba la típica actitud del químico, que reducía cualquier reacción, incluso la más compleja, a un número pequeño de elementos, o principios, originarios. Ese planteamiento de fondo se hallaba, además, justificado por la percepción inmediata de los sentidos, desde el instante en que todo el mundo alrededor parecía ser fruto de las combinaciones de unos cuantos elementos primitivos.

Si tales eran las premisas generales recogidas en la inmensa mayoría de los libros de química de la primera mitad de la centuria, los procedimientos experimentales que se seguían parecían atenuar bastante el optimismo. La materia manipulada en los laboratorios no solía responder a los criterios de simplicidad y uniformidad que los químicos intentaban imponerles en las introducciones de sus obras. Al contrario, el análisis químico de los compuestos tornaba manifiesta, aunque inaceptable, la complejidad de la materia y el número elevado de sus elementos. Tales contradicciones entre los resultados de laboratorio y las premisas filosóficas que habrían debido explicar la naturaleza se resolvían adoptando un enfoque cualitativo de los fenómenos químicos o recurriendo a cualidades ocultas.

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