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1 de Diciembre de 1993
Botánica

Plantas de polinización acuática

Consideradas, tiempo atrás, meras aberraciones de la naturaleza, estas fanerógamas corroboran el proceso de convergencia evolutiva hacia estrategias de polinización eficientes.

Un soleado día de octubre de 1787, Filippo Cavolini remaba solo en la bahía de Nápoles. Perseguía un objetivo que parecía carecer de sentido. Cuatro años antes unos buzos le habían regalado un ejemplar de Zostera marina en fruto. El botánico no tardó en darse cuenta de que la planta era especial: a diferencia de los sargazos y otras algas marinas que había recolectado, aquélla debía florecer. Pero, ¿qué flores podría echar? Terminó la búsqueda en el instante en que vio medrar una población de Zostera en la ensenada; se estremeció cuando descubrió "flotando en el agua una espiga (una inflorescencia), de las que caracterizan a las gramíneas".

Más tarde, al examinar el polen con el microscopio de su laboratorio, se asombró del tamaño y de la forma de los granos, pues no eran pequeños ni esféricos como los de las plantas terrestres: "Me pareció [el polen de Zostera] diferente del que producen las demás plantas, alargado a modo de anguililla, que con un movimiento brusco y repentino derrama su esperma en un abrir y cerrar de ojos." De esta observación infirió una conclusión arriesgada y crucial: Zostera se reproduce por polinización en aguas abiertas.

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