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1 de Mayo de 1997
Botánica

Plantas endotérmicas

Algunas plantas producen un calor extraordinario cuando florecen. Las hay incluso que regulan su temperatura dentro de estrechos márgenes, de forma muy parecida a los animales de sangre caliente.

En la primavera de 1972, George A. Bartholomew, una autoridad en fisiología animal, invitó a un grupo de alumnos y co­laboradores de la Universidad de California en Los Angeles a una comida de confraternización. Entre los llamados se encontraba Daniel K. Odell, hoy en Sea World, Florida. Camino del ágape, Dan observó unas flores extrañas. Consistían en una proyección faloide de unos 25 centímetros de longitud, envuelta parcialmente por una estructura foliácea. Intrigado, arrancó una para enseñársela a sus compañeros. Cuando nos tendió la flor a Kenneth A. Nagy y a mí, nos quedamos asombrados nada más tocarla: estaba caliente. Y lo que resultaba más inesperado, despedía más calor conforme avanzaba la tarde y parecía superar la temperatura del cuerpo humano. Como zoólogos que éramos, el fenómeno nos desconcertó. ¿Cómo era posible que una simple planta despidiera por sí misma más calor que el pináculo de la evolución biológica, el animal de sangre caliente?

Desde aquel momento, me he dedicado al estudio de las plantas "endotérmicas" siempre que he podido robar tiempo a mis ocupaciones zoo­lógicas. Sigo asombrándome ante lo que mis colegas, yo mismo y otros investigadores hemos descubierto. Entre tales hallazgos subrayaré uno: algunas plantas generan tanto calor por unidad de peso como los insectos y las aves en vuelo, que son los mayores productores de calor. Hay plantas incluso que regulan su propia temperatura, se termorregulan, cual si habláramos de aves o mamíferos; no sólo generan calor, sino que modifican su producción para mantener constante la temperatura en un entorno de temperatura cambiante.

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