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1 de Noviembre de 2013
Microbiología

Tierra prodigiosa

Movilizar las bacterias y los hongos del suelo en provecho de las plantas cultivadas supone una alternativa prometedora al uso intensivo de abonos y plaguicidas.

DON FOLEY

En síntesis

Los microorganismos que habitan el suelo y colonizan los cultivos no solo causan enfermedades humanas. En ciertos casos hacen todo lo contrario, pues actúan como centinelas de la seguridad alimentaria y ofrecen una sólida alternativa ecológica al uso masivo de abonos y plaguicidas.

La diseminación de bacterias en los cultivos formó parte de la estrategia en un estudio realizado en Virginia en el que se fumigó plántulas de tomate con ciertas bacterias del suelo que destruyen la salmonela. Se espera que esta estrategia prevenga los brotes de intoxicaciones alimentarias que cada año provocan los tomates crudos en la costa este de EE.UU.

La aplicación de hongos a plantas de mandioca, un proyecto impulsado por investigadores colombianos, favorece la absorción del fosfato por las raíces sin recurrir a abonos caros, una gran ayuda en los países tropicales, con suelos muy empobrecidos en nutrientes.

Tomates frescos de un tenderete a pie de carretera; cortados en rodajas y aliñados con una pizca de sal y pimienta y unas gotas de aceite de oliva, todo un placer veraniego. ¿Será esta una costumbre abocada a la desaparición? Posiblemente, sí.

Casi todos los años de la pasada década, los responsables de salud pública de la costa oriental de Estados Unidos han seguido el rastro de tres o cuatro brotes de salmonelosis cuyo origen se halló en los tomates locales. Los brotes suelen ser pequeños y afectan a entre 10 y 100 personas, pero en ancianos y niños la intoxicación puede acarrear la hospitalización e incluso la muerte.

Hace unos años, Eric Brown, director de microbiología del Centro de Seguridad Alimentaria y Nutrición Aplicada de la Agencia Federal de Fármacos y Alimentos de EE.UU. (FDA), comenzó a preguntarse por qué el fenómeno afectaba solo a la costa este. La salmonela probablemente llega a los tomatales a través de las heces de gaviotas, tortugas, aves de corral y otros animales. ¿Por qué entonces no están contaminados también los tomates de la costa occidental?

La respuesta a esa pregunta la da un examen minucioso del microbioma, la comunidad de bacterias, hongos y virus que viven en íntimo contacto con las plantas. Mientras en la costa occidental los tomates conviven con bacterias del suelo que inhiben y destruyen la salmonela, en la oriental, aunque se han hallado cepas semejantes, existen en menor cuantía. Por ello, en un estudio piloto llevado a cabo en el estado de Virginia, la FDA ha cultivado una de estas bacterias indígenas, Paenibacillus, para pulverizarla después sobre tomateras jóvenes. Ha obtenido el mismo resultado: acabar con la salmonela. Brown espera que los cultivadores de tomate puedan utilizar este método a escala comercial en 2014 o 2015.

Añadir bacterias a un cultivo para prevenir una enfermedad humana supone el inicio de un camino inédito en el campo de la seguridad alimentaria. Podría extenderse a melones, espinacas, coles de Bruselas y otros cultivos que han acaparado titulares por causar brotes de Salmonella o Escherichia coli. El proyecto del tomate forma parte de un cambio más profundo en el cultivo de alimentos, basado en los nuevos conocimientos sobre la microbiota del suelo y las múltiples formas de dependencia entre microorganismos y plantas.

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