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Actualidad científica

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  • Julio/Septiembre 2018Nº 93

Cosmología

Buscando vida en el multiverso

Otros universos con diferentes leyes físicas podrían también ser habitables.

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Para ganarse la vida, el héroe típico de Holly­wood se dedica a escapar de la muerte. Una y otra vez, infinidad de enemigos le disparan desde todas direcciones, pero fallan por milímetros. Los coches explotan siempre una fracción de segundo demasiado tarde y él consigue encontrar refugio antes de que la explosión le alcance. Sus amigos consiguen siempre rescatarlo justo antes de que lo degüelle algún villano. Si cualquiera de esas acciones hubiese ocurrido de manera ligeramente distinta, habríamos tenido que despedirnos de nuestro héroe con un «sayonara, baby». Aun cuando no hayamos visto la película antes, hay algo que nos dice que el protagonista llegará sano y salvo hasta el final.

En cierto modo, la historia de nuestro universo se parece a una película de acción de Hollywood. Se ha aducido que un pequeño cambio en alguna de las leyes de la física hubiera desbaratado el proceso normal de evolución del universo y nuestra existencia no habría sido posible. Por ejemplo, si la interacción nuclear fuerte (la responsable de mantener unidos los núcleos atómicos) hubiera sido ligeramente más fuerte o más débil, las estrellas solo habrían generado una pequeña parte del carbono y demás elementos que parecen necesarios para la formación de planetas, por no hablar de la aparición de vida.

Si el protón fuera un 0,2 por ciento más pesado de lo que es, todo el hidrógeno primordial se habría desintegrado en neutrones casi inmediatamente, con lo que nunca se habrían formado los átomos. La lista es larga.

Las leyes de la física (y, en concreto, los valores de las constantes de la naturaleza que entran en dichas leyes, como las intensidades de las interacciones fundamentales) parecen haber sido finamente ajustadas para hacer posible nuestra existencia. Sin recurrir a una explicación sobrenatural (lo que, por definición, estaría fuera del ámbito de la ciencia), varios físicos y cosmólogos intentaron resolver en los años setenta ese misterio proponiendo que nuestro universo podría ser uno de muchos universos existentes, cada uno con sus propias leyes físicas. Según este razonamiento «antrópico», simplemente viviríamos en el universo particular en el que se dan las condiciones que hacen posible la vida.

Sorprendentemente, la teoría imperante en la cosmología moderna, concebida en los años ochenta, sugiere que tales «universos paralelos» existirían realmente; más aún: una infinidad de universos surgiría sin cesar de un vacío primordial tal y como nuestro universo lo hizo en la gran explosión. Así, nuestro universo sería uno de muchos en un conjunto mayor, denominado «multiverso». En la inmensa mayoría de estos universos, las leyes de la física no posibilitarían la formación de materia tal y como la conocemos, ni tampoco la de galaxias, estrellas, planetas o vida. Pero, por el mero número de posibilidades, la naturaleza habría tenido una buena oportunidad de atinar con el conjunto «correcto» de leyes naturales, al menos una vez.

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