Epílogo: ¿quién ganó los cuarenta chelines?

El testamento intelectual de Newton supera con creces la antigua apuesta: sus intuiciones rivalizan por profundidad creadora con las de los gigantes de la cultura de todos los tiempos.

También el Astrónomo Real y Profesor Saviliano de Geometría asiste al rito fúnebre oficiado por el Obispo de Rochester. Entre los presentes, es de los pocos que pueden en verdad decir que sabe lo que Newton ha demostrado y cómo. Y puede contarse entre los escasos amigos que Newton haya tenido nunca. Se llama Edmond Halley. Cuando ve pasar el féretro transportado por el Lord Canciller, los duques de Roxburghe y Montrose y los condes de Pembroke, Sussex y Macclesfield, su mente bulle en recuerdos. Halley no puede evitar volver atrás con la memoria, hasta el encuentro de Cambridge, hacia la cuestión que le atormentaba con el premio de los cuarenta chelines. Aunque de los cuarenta chelines no se ha hablado más, él no tiene dudas de que Newton se los había merecido ampliamente. Aunque es sabido que los amigos no son nunca imparciales... Discúlpenos, pues, Halley, si nos preguntamos: ¿quién ganó la apuesta? ¿No podríamos sostener que la respuesta a Halley, que Sir Isaac Newton había elaborado entre 1684 y 1687, dejaba que desear desde muchos puntos de vista? No nos referimos a puntos de vista posteriores a la muerte de Newton. Por mejor decir: no estamos sometiendo los Principia a los criterios de rigor de nuestro siglo. Un físico matemático acostumbrado a leer el American Journal of Physics o Investigación y Ciencia podría sin duda avanzar muchas reservas ante las demostraciones de Newton.

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  • Newton

    Temas IyC Nº 50

    Octubre/Diciembre 2007

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