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Actualidad científica

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  • Abril/Junio 2018Nº 92

Paleoantropología

El origen del género Homo

El hallazgo de unos fósiles extraordinarios en Sudáfrica avivan el debate sobre la evolución humana.

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Hace entre tres y dos millones de años, quizás en la sabana primigenia de África, nuestros antepasados adquirieron apariencia humana. Durante más de un millón de años sus predecesores australopitecinos, entre los que se hallaban Lucy y otros, habían prosperado en los bosques del continente africano. Ya eran bípedos y caminaban de forma similar a la nuestra, aunque poseían piernas más cortas, manos adaptadas para trepar por los árboles y un tamaño cerebral reducido, semejante al de los simios. Pero su mundo se estaba transformando. El cambio climático favoreció la expansión de la sabana y los primeros australopitecinos dieron lugar a nuevas líneas evolutivas. Uno de esos descendientes contaba con piernas largas, manos aptas para la construcción de herramientas y un cerebro más voluminoso. Era un representante del género Homo, el primate que dominaría el planeta.

Durante decenios, los paleoantropólogos han inspeccionado a gatas las regiones más remotas de África en busca de fósiles de los primeros individuos de Homo para intentar entender la forma en que nuestro género se hizo prominente. El esfuerzo se ha visto poco recompensado: un fragmento de mandíbula aquí, unos pocos dientes en otro lugar... Además, la mayoría de los fósiles recuperados, o bien corresponden a sus ancestros australopitecinos, o pertenecen a miembros posteriores del género Homo, especies más evolucionadas que no permiten saber cuál de nuestros rasgos distintivos surgió primero y qué fuerzas selectivas propiciaron su éxito. Todavía no se han descubierto fósiles más antiguos de dos millones de años que conserven diferentes partes anatómicas y permitan tener una visión completa del plan corporal de los primeros Homo. Se piensa que su origen se sitúa en África oriental, donde se han hallado los fósiles más antiguos atribuidos al género, y que las características que lo distinguen le permitieron incorporar más carne a su dieta, un alimento muy rico en calorías en un ambiente en el que los frutos secos y las frutas se habían vuelto escasos. Pero el registro resulta insuficiente, por lo que el origen de nuestro género sigue representando un misterio.

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