Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarle el uso de la web mediante el análisis de sus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúa navegando, consideramos que acepta nuestra Política de cookies .

Actualidad científica

Síguenos
  • Google+
  • RSS
  • Temas IyC
  • Abril/Junio 2018Nº 92
Presentación

Gratuito

La evolución humana reflejada en nuestra biología

Menear

La historia de la humanidad puede contemplarse desde distintos puntos de vista. En un monográfico reciente [véase «Cultura y evolución humana», colección Temas de IyC n.o 87, 2017], varios expertos nos daban su visión sobre la cultura como motor de la evolución humana, esto es, el modo en que nuestra conducta, la capacidad de innovar y la forma de relacionarnos con los demás nos ayudaron a adaptarnos al entorno y a sobrevivir. Pero, a su vez, esos rasgos culturales avanzaron de forma paralela o impulsados por cambios anatómicos y biológicos fundamentales. En el presente número de la colección TEMAS, ofrecemos a nuestros lectores una selección de los artículos recientes más destacados que indagan en la evolución de aquellas características biológicas que nos hicieron humanos.

Algunas de esas características podemos conocerlas a partir de los restos fósiles que se han ido descubriendo de nuestros antepasados en distintos yacimientos, como se expone en la primera parte del monográfico (Nuestros ancestros). Los hallazgos realizados en los dos últimos decenios, entre ellos, los de Australopithecus sediba (pág. 14) y Homo naledi (pág. 24), han trastocado las ideas que los científicos tenían de nuestro pasado. Las pruebas indican que diferentes especies de homininos (la familia integrada por nuestra especie y las estrechamente emparentadas con ella, ya extintas) coexistieron en el planeta varias veces durante los últimos millones de años, lo que hace muy difícil identificar a los ancestros directos de Homo sapiens. Nuestro árbol evolutivo se parece más a un arbusto enmarañado y no presenta la configuración lineal que se creía. Un ejemplo más reciente de nuestra coexistencia con otros homininos lo hallamos en los neandertales, que dominaron Eurasia durante centenares de miles de años antes de que H. sapiens invadiera su territorio y se hibridara con ellos (pág. 42).

Pero si la diversidad de los homininos en el pasado fue elevada, ¿qué fuerzas selectivas propiciaron el éxito de la especie humana? ¿Qué adaptaciones biológicas experimentamos en el camino y cómo se reflejan estas en el genoma? Tales son las cuestiones que se abordan en la segunda parte de este número (Adaptaciones biológicas). Los cambios climáticos parecen ser uno de los principales factores que influyeron en nuestra evolución (pág. 54). El que sucedió hace unos tres millones de años empujó a nuestros antepasados a abandonar sus hábitos de recolección de alimentos para adoptar un estilo de vida más activo. La aparición de la piel desnuda permitiría eliminar el exceso de calor derivado de esa mayor actividad (pág. 60). El genoma encierra información valiosa sobre nuestra evolución. Así, varios rasgos principales humanos se han relacionado con la pérdida de segmentos en el ADN (pág. 76). Además, algunos de nuestros genes corresponden a adaptaciones asociadas a la colonización de ambientes extremos o a la alimentación, y surgieron hace apenas decenas de miles de años (pág. 82). De hecho, la evolución parece que todavía continúa y seguirá haciéndolo en el futuro (pág. 90).

Les invitamos a descubrir en las siguientes páginas varios de los descubrimientos de los últimos años que más han hecho cambiar las ideas sobre el relato de nuestro intrigante pasado. Desde luego, no ofrecen la última palabra, puesto que la historia se va reescribiendo al tiempo que se acelera el ritmo de las investigaciones y los hallazgos paleoantropológicos.

Puede conseguir el artículo en: