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1 de Febrero de 2010
Biología

Geoquímica de los humeros blancos

El estudio de un nuevo tipo de fumarolas hidrotermales halladas en el fondo oceánico arroja luz sobre el origen de la vida.

El ecosistema de fumarolas hidrotermales de la Ciudad Perdida, que se diría estéril, abunda en microorganismos, muchos de los cuales medran independientemente de la energía procedente de la luz solar. [Cortesía de Deborah S. Kelley, Universidad de Washington, IFE, URI-IAO, NOAA]

En síntesis

En 2000 se descubrió un nuevo tipo de sistema de fumarolas hidrotermales submarinas. Se lo denominó Ciudad Perdida.

En los últimos años, el análisis de muestras recogidas allí ha permitido conocer sus singulares características químicas y los microorganismos que sacan provecho de ellas.

Los hallazgos sugieren que la vida podría haberse originado en un entorno similar al predominante en la Ciudad Perdida.

En los continentes quedan escasos rincones por explorar y seguramente pocas maravillas naturales por descubrir. En el mundo submarino, en cambio, la historia es otra. Sabemos más sobre la superficie de Marte que sobre la superficie del lecho oceánico, que abarca un 75 por ciento del planeta. Un sinfín de sorpresas nos aguardan allí.

Se nos dio una en anticipo en diciembre de 2000. La expedición que estaba cartografiando el macizo Atlantis, una montaña submarina a mitad de camino entre las islas Bermudas y las Canarias, y a casi un kilómetro bajo la superficie del Atlántico Norte, descubrió una columna de roca blanca y tan alta como un edificio de 20 pisos que emergía del fondo del mar. Mediante el Argoll, un vehículo dirigido por control remoto, y el sumergible tripulado Alvin, los científicos exploraron y extrajeron muestras de tan misteriosa estructura. Aunque las limitaciones impuestas por la falta de tiempo redujeron las investigaciones a una sola inmersión del Alvin, se recogió información suficiente para determinar que aquella columna blanca constituía una más entre las múltiples estructuras de ese tipo que estaban emitiendo agua de mar caliente en dicha zona. Habían descubierto un campo de manantiales termales submarinos al que denominaron Campo Hidrotermal de la Ciudad Perdida. Nunca se había visto nada igual, incluidas las ahora célebres fumarolas negras (black smokers).

El primer artículo sobre el descubrimiento, publicado en Nature en julio de 2001, desató oleadas de entusiasmo en la comunidad científica. Un grupo de expertos encabezado por De­borah S. Kelley, de la Universidad de Washington, planteó una se­rie de preguntas fundamentales: ¿cómo se formó ese campo hidrotermal? ¿Qué tipo de organismos vivían allí? ¿Cómo sobrevivían? Para descubrirlo, Kelly dirigió en 2003 una expedición ambiciosa, de seis semanas de duración, a la Ciudad Perdida. Tras años de minuciosos análisis de las muestras recogidas durante la misión, los investigadores están empezando a obtener respuestas fascinantes.

Los hallazgos obtenidos en la Ciudad Perdida han quitado el polvo a viejas teorías sobre las condiciones químicas que podrían haber sentado las bases para la aparición de vida sobre la Tierra. Los resultados han ampliado las hipótesis sobre los lugares donde podría existir vida, más allá del planeta azul, y han puesto en entredicho algunas de las ideas predominantes sobre cómo ir en su búsqueda.

 

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