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1 de Julio de 2011
Cosmología

En busca de las galaxias perdidas

Según las últimas estimaciones, el universo observable contiene 200.000 millones de galaxias. ¿Por qué tan pocas?

james e. geach y rob crain

En síntesis

Además de la materia y energía oscuras, la materia que llamamos «normal» también esconde sus propios misterios. ¿Por qué solo una mínima parte vive en galaxias? ¿Dónde se halla el resto?

La idea más aceptada afirma que el grueso de la materia bariónica formaría grandes filamentos gaseosos, una fase denominada medio intergaláctico templado-caliente.

La formación de galaxias es, a todas luces, muy ineficiente. Cuando el material se precipita hacia una galaxia, gran parte de él vuelve a ser expulsado en un proceso de retroalimentación.

Las galaxias no pueden considerarse como una entidad fija e inmutable. Antes bien, serían puntos visibles en un inmenso océano de gas que se recicla una y otra vez.

La ingente abundancia de galaxias que salpican el cielo nocturno como granos de arena siempre me ha parecido sobrecogedora y fascinante. La imagen óptica más sensible jamás tomada, el campo ultraprofundo del Hubble, muestra unas diez mil galaxias en un área equivalente a la centésima parte de la luna llena. Una densidad semejante implica que, en todo el cielo, debería haber 200.000 millones de galaxias. Y esas serían solo las más brillantes. Probablemente, existen muchas más.

¿De dónde procede esa descomunal cantidad de galaxias? Esa pregunta me impulsó a dedicarme a la astronomía y, desde entonces, ha constituido el tema principal de mi carrera investigadora. Con el transcurso de los años, sin embargo, mi ingenuidad inicial ha quedado atrás. A juzgar por los números, diríamos que la naturaleza fue muy generosa a la hora de engendrar galaxias. Pero semejante conclusión es falsa: si sumamos la materia visible presente en las galaxias actuales, el resultado apenas llega a la décima parte de toda la que fue creada en la gran explosión. ¿Dónde se esconde el resto? ¿Y por qué no ha acabado formando galaxias? Estos constituyen dos de los grandes enigmas de la astronomía contemporánea.

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