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1 de Junio de 2009
Cosmología

Energía oscura o vacío cósmico

Las observaciones que llevaron a deducir la existencia de la energía oscura podrían tener otra explicación: que nuestra galaxia estuviera en el centro de un gigantesco vacío cósmico.

MIRACLE STUDIOS www.miraclestudios.com

En síntesis

Desde hace unos años sabemos que el universo se expande a un ritmo acelerado, lo que implica la existencia de una extraña nueva forma de energía, la energía oscura. El problema reside en que desconocemos la naturaleza de tal energía.

Quizá no sea necesario recurrir a formas exóticas de energía. Si viviésemos en una región del espacio más vacía que la media, el ritmo de la expansión cósmica variaría con la posición, lo que podría confundirse con una variación en el tiempo, una aceleración.

La mayoría de los cosmólogos cree que es muy poco probable la existencia del vacío relativo gigantesco que se necesitaría, pero también lo es la energía oscura. Las observaciones de los próximos años sentenciarán entre las dos posibilidades.

En ciencia, las mayores revoluciones vienen a menudo provocadas por sutiles discrepancias. En el siglo xvi, sobre la base de lo que muchos de sus contemporáneos consideraban esotéricas minucias de los movimientos celestes, Copérnico propuso que la Tierra no ocupaba el centro del universo. En nuestra propia época, empezó otra revolución hace 11 años, con el descubrimiento de la aceleración de la expansión del universo. Una pequeña desviación en el brillo de las explosiones de estrellas llevó a concluir que no se tenía la menor idea de qué consiste el 70 por ciento del cosmos. Todo lo que se podía decir es que el espacio está lleno de una sustancia diferente de cualquier otra, una sustancia que empuja la expansión del universo en lugar de frenarla. Esa sustancia recibe el nombre de energía oscura.

Ha transcurrido ya más de un decenio y la existencia de la energía oscura sigue siendo tan desconcertante, que algunos cosmólogos están revisando los postulados fundamentales que les llevaron a deducir su existencia. Uno de esos postulados brota del principio copernicano que dicta que la Tierra no se halla en una posición central, o especial, en el universo. Si se descarta este principio básico, se desprende una explicación sorprendentemente diferente de las observaciones.

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