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1 de Julio de 2005
Cosmología

¿Qué calentó los asteroides?

Las colisiones de asteroides durante los primeros momentos del sistema solar quizá constituyan la razón de que muchos de estos cuerpos rocosos alcanzaran temperaturas elevadas.

Los objetos de gran tamaño retienen el calor mejor que los pequeños. La mayor parte del calor interno de la Tierra procede de cuatro radioisótopos de vida media larga —potasio 40, torio 232, uranio 235 y uranio 238—, que generan energía durante miles de millones de años al desintegrarse en isótopos más estables. Gracias a su gran tamaño, unos 12.740 kilómetros de diámetro, la Tierra pierde calor con cierta lentitud, de ahí que presente todavía un núcleo fundido y erupciones volcánicas en la superficie. Los cuerpos menores, sin embargo, con una razón mayor entre superficie y volumen, se enfrían más deprisa al radiar calor al espacio. El tamaño de la Luna no es más que una cuarta parte del terrestre, por lo que pierde calor más deprisa. Como resultado, las grandes erupciones lunares de basalto, la roca volcánica más común, cesaron hace casi tres mil millones de años.

La pérdida de calor es aún más rápida en los pequeños asteroides rocosos del interior del sistema solar, sobre todo entre las órbitas de Marte y Júpiter. Vesta, el tercero en tamaño de los asteroides, tiene un diámetro de 516 kilómetros; en él, la razón entre superficie y volumen multiplica por 25 la de la Tierra. Pero nos presenta una paradoja: a pesar de su reducido tamaño, muestra signos de una actividad geológica pasada. Las observaciones espectroscópicas de la superficie de Vesta indican que tiene una capa de basalto volcánico; la conclusión es que el interior de este asteroide se fundió en alguna ocasión. El calentamiento no se debe a los radioisótopos de vida media larga; a partir de las concentraciones primordiales isotópicas y del ritmo esperado de pérdida de calor, los cálculos confirman que la desintegración radiactiva no pudo fundir Vesta, ni ningún otro asteroide. Ha de haber otra fuente; pero, ¿cuál? Esta pregunta ha perseguido a los planetólogos durante décadas.

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