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La crisis del fósforo

Este recurso subestimado, componente fundamental de los abonos, durará todavía varios decenios. Pero si queremos evitar el desplome de la agricultura, debemos acometer de inmediato su conservación.

JEN CHRISTIANSEN

Por compleja que sea la química de la vida, sólo tres números condicionan el crecimiento próspero de las plantas: 19,12 y 5. Corresponden a los porcentajes de nitrógeno, fósforo y potasio que vienen señalados en los paquetes de abono. Durante el siglo XX, estos tres nutrientes consiguieron elevar la productividad agrícola y sextuplicar la población mundial. ¿Cuál es su fuente?

El nitrógeno se obtiene de la atmósfera; el fósforo y el potasio se extraen de minas. Tenemos potasio para varios siglos, pero con el fósforo ya es otro cantar. Las reservas mundiales accesibles tal vez empiecen a agotarse a finales de este siglo. Ello coincidirá con una población que podría rebasar los límites sostenibles.

Pero los problemas podrían surgir mucho antes. Los vaivenes del precio del petróleo en 2008 demostraron que los mercados pueden contraerse mucho antes de que un determinado recurso se aproxime a su fin. Por otra parte, la distribución de las reservas de fósforo es aún más desigual que la del petróleo, lo que añade dificultades de suministro. Estados Unidos es el segundo productor de fósforo mundial (China es el primero), con un 19 por ciento del total, pero el 65 por ciento de su producción proviene de un solo lugar: los pozos mineros de Tampa, en el estado de Florida, que quizá no duren más de unos decenios.

Este artículo incluye

Activos tóxicos: La cara oscura del fósforo

    • Davide Castelvecchi

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