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Actualidad científica

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  • Octubre/Diciembre 2018Nº 94

Epidemiología

Chequeo a la salud de la humanidad

Un esfuerzo mundial para captar la imagen más completa de la salud del género humano.

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Cuando Christopher Murray tenía 10 años, él y su familia hicieron el equipaje con unas pocas maletas y un generador portátil y abandonaron su casa en Golden Valley, Minnesota, para volar rumbo a Inglaterra. Desde allí viajaron en coche y ferry hasta España, luego a Marruecos y finalmente, a través del Sáhara, hasta el pueblo de Diffa, en una zona rural de Níger. Allí, a lo largo de un año, la familia de cinco miembros, encabezada por el padre, médico, y la madre, microbióloga, fundó el hospital local, que después administraron. El joven Murray, que se ocupaba de la farmacia y hacía recados, no pudo sino reparar en que los ciudadanos de Níger caían enfermos con todo tipo de afecciones raras que nadie padecía en Minnesota. Recuerda que se preguntaba: «¿Por qué los habitantes de algunos lugares enferman mucho más que los de otros?».

El niño también se sintió frustrado. Todo ese año habían trabajado con ahínco para ayudar a los habitantes de Diffa, pero al acabar «tuve la impresión de que cuando nos marchamos, apenas había cambiado nada», confiesa Murray. «Y me pregunté: "¿Cómo se pueden lograr cambios más profundos y duraderos?"»

Esa inquietud lo impulsó a presionar durante las cuatro décadas siguientes a médicos y ministros de sanidad para que prestasen más atención al panorama general, a las tendencias a largo plazo que determinan que tantas personas mueran tan jóvenes por causas evitables. Dedicó su vocación a crear un sistema que suministrara un ingrediente crucial que demasiadas veces brilla por su ausencia en la política sanitaria mundial: información fiable.

Se percató de que la panorámica de las enfermedades que aquejan a nuestra especie es a menudo borrosa, porque los políticos retienen las cifras comprometedoras o las maquillan. Y puede ser difícil comparar las estadísticas de un país con las de otro. Pero hay maneras de eludir estos problemas.

Con la ayuda de otras personas, se propuso construir un nuevo instrumento que pudiese llenar esas lagunas en los datos y revelar el verdadero estado de salud del mundo y, con ello, lo que será preciso para paliar el sufrimiento de poblaciones enteras en las generaciones venideras.

La difusión del microscopio supuso una revolución médica en los siglos XIX y XX, al delatar a los actores más diminutos de la salud humana (los gérmenes), hecho que propició la mejora de la higiene, el desarrollo de los antibióticos y la creación de las vacunas. El instrumento nuevo de Murray sería la antítesis del microscopio. Esclarecería los pormenores útiles acerca de cada enfermedad en su escala más grande: en los países, en cada uno de los cinco continentes y en el conjunto de la humanidad. Podríamos llamarlo macroscopio.

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