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1 de Diciembre de 2016
Epidemiología

¿Cómo prever y contener epidemias como la del zika?

Aunque el virus se halla en el punto de mira, pocos son los que analizan las causas que subyacen al aumento de las enfermedades infecciosas emergentes en todo el mundo.

© DIMARIK/ISTOCKPHOTO

En síntesis

El virus del Zika, que en el pasado había ocasionado brotes de escasa magnitud, se ha convertido desde 2015 en una amenaza mundial. ¿Qué ha sucedido esta vez?

Gran parte de la respuesta puede hallarse en el cambio y el desplazamiento incesantes que están experimentando los tres elementos clave de la epidemia: el huésped (la población humana), el patógeno (el zika) y el vector (los mosquitos transmisores).

Ante esta y otras infecciones que aparecen cada vez con mayor frecuencia en todo el mundo se necesita una respuesta coordinada. Las nuevas tecnologías pueden ayudar a movilizar a ciudadanos y expertos en un frente común para detectar y contener nuevos brotes.

La mayoría de las epidemias comienzan con sigilo. A inicios de 2015, los profesionales sanitarios de Brasil empezaron a detectar un número creciente de casos de una infección relativamente leve e inespecífica. Parecía causada por un patógeno transmitido por mosquitos llamado virus del Zika. El 7 de mayo de 2015, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización de Salud Panamericana emitieron un comunicado epidemiológico en el que afirmaban, sin alarma, que las autoridades de salud pública de Brasil estaban investigando la posible transmisión del virus en el noreste del país. Parecía una escaramuza más en nuestra constante batalla contra las enfermedades infecciosas emergentes.

Sin embargo, a finales de otoño de 2015 ya resultaba evidente que el brote de zika era una epidemia de mayor magnitud que lo anticipado. Las consecuencias eran potencialmente desastrosas. En el noreste de Brasil comenzaron a observarse, cada vez con mayor frecuencia, casos de niños nacidos con la cabeza demasiado pequeña; sucedía casi exactamente unas 38 semanas después de haberse detectado las primeras infecciones de zika. El riesgo de dar a luz a un bebé con microcefalia en el estado brasileño de Bahía había aumentado de un valor previo del 0,02 por ciento a entre el 0,88 y el 13,2 por ciento en las mujeres infectadas por zika en el primer trimestre de gestación.

En el momento de escribir este artículo, se habían detectado más de 406.755 casos con sospecha de infección por zika en las Américas, de los cuales 56.685 han sido confirmados. Este virus, el primo lejano de otros más conocidos y temidos, como el dengue, la fiebre amarilla y la fiebre del Nilo Occidental, ha pasado de ser una infección ignorada e insignificante a ocupar un primer plano por su gran impacto. Como consecuencia de ella, miles de padres desolados atienden hoy a sus recién nacidos con problemas neurológicos graves.

Sin embargo, puede que el zika no siga ocupando el centro de atención mucho más tiempo. Se postula que las epidemias se hallan sometidas al efecto Warhol: cada agente infeccioso podrá gozar de sus 15 minutos de gloria (el artista pronunció la célebre frase «En el futuro, todo el mundo será famoso durante 15 minutos»). Con nuestra sed de drama, nuestra escasa capacidad de atención y retentiva y el efecto amplificador de los medios de comunicación, cualquier enfermedad emergente se convierte en una cause célèbre fugaz que acaba siendo olvidada igual de rápidamente.

El efecto Warhol tiene implicaciones importantes para quienes nos dedicamos a investigar enfermedades infecciosas: los miles de casos de zika confirmados hasta la fecha restan atención mediática (y fondos) de otras enfermedades prevalentes, mortales, de las que la población general ya se ha cansado. En el año 2015 se detectaron unos 214 millones de casos de malaria. En conjunto, la tuberculosis, el VIH, la malaria, las enfermedades diarreicas y la neumonía suponen la causa de fallecimiento de una de cada cinco personas en todo el mundo; pero ya no son noticia. Para la población sana, estas enfermedades forman parte de un sombrío telón de fondo que ya se asumen como algo normal. Se podrían salvar vidas, si atajáramos los problemas subyacentes a estas enfermedades.

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