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1 de Septiembre de 2016
Salud pública

El síndrome post-ébola

Numerosos supervivientes del virus en Liberia sufren ahora déficits cerebrales y otros síntomas. Las causas principales: remanentes ocultos del virus y reacciones inflamatorias del sistema inmunitario.

EDEL RODRIGUEZ

En síntesis

Declarado el fin de la epidemia de ébola en África Occidental, unas 17.000 personas corren ahora el riesgo de sufrir síntomas del llamado síndrome post-ébola.

En un estudio realizado en Liberia, un 60 por ciento de los supervivientes referían problemas visuales, un 53 por ciento sufrían mialgias y artralgias, y un 68 por ciento, trastornos neurológicos.

Estas personas, supuestamente curadas, ven cómo el resto de la población las rehuye a menudo y se preguntan si la enfermedad les volverá a afectar en el futuro.

Josephine Karwah salió de la unidad de tratamiento del ébola acariciando su vientre gestante. Dos semanas antes, en agosto de 2014, a duras penas había podido entrar por su propio pie en aquella tienda de campaña blanca en Monrovia, con un dolor acuciante en las rodillas que la hacía claudicar cada cuatro pasos.

La madre de Josephine había fallecido en esa misma tienda. Se habían llevado su cuerpo en un saco blanco que las enfermeras habían rotulado con su nombre en un lateral. Su padre también había fallecido por el ébola, al igual que sus tíos. Josephine, también infectada, lo había superado. Ella y su hijo nonato eran supervivientes, a diferencia del 40 por ciento de los afectados por la epidemia de ébola desatada entre 2014 y 2016 en África. Por eso decidió que se llamaría Miracle («milagro»).

Entonces comenzaron las pesadillas. En su pueblo natal «Smell No Taste», a una hora de viaje en coche al este de la capital, Josephine soñaba con los seres queridos que había perdido por culpa del ébola y con los horrores de la unidad de tratamiento. Sufría cefaleas intensas y dolores en las caderas y las rodillas que le impedían conciliar el sueño. Por el día ayudaba a su hermana a fabricar jabón para venderlo en el mercado. Pero sentía una quemazón en el ojo derecho y veía borroso por el izquierdo, como si mirase a través de una lente salpicada de rocío. Un día, salió de la caseta de cambio de moneda con el dinero equivocado, incapaz de recordar con cuántos dólares liberianos había salido de casa.

Josephine es uno de los 1500 supervivientes del ébola en Liberia. Como ella, muchos sufren pérdidas de memoria, artralgias, mialgias y problemas visuales. No son casos esporádicos o anecdóticos. Mosoka Fallah, epidemiólogo liberiano, comunicó los hallazgos del mayor estudio descriptivo de supervivientes del ébola hasta la fecha en una conferencia celebrada en Boston el pasado febrero. Más de la mitad de los que sobrevivieron al ataque agudo del virus han padecido mialgias y problemas articulares. Dos terceras partes referían alteraciones neurológicas y un 60 por ciento presentaba trastornos visuales al año de haber sufrido la infección. A pesar de que la Organización Mundial de la Salud declaró el fin de la emergencia pública el pasado marzo, las personas afectadas sufren ahora lo que los médicos han bautizado como el síndrome post-ébola.

No es la primera vez que se detectan casos de tal síndrome. Los supervivientes de pequeños brotes acaecidos en África Oriental y Central en los últimos veinte años sufrieron artralgias, mialgias y problemas visuales tan serios que les impedían trabajar.

Pero esas fueron solo pequeñas reagudizaciones de la enfermedad, que afectaron a grupos reducidos de supervivientes. La epidemia de 2014-2016 en ese continente ha dejado a 17.000 supervivientes en riesgo de padecer el síndrome post-ébola. Como Josephine, salieron de la unidad de tratamiento con un futuro incierto ante ellos. Lo que los pacientes y los médicos saben con certeza es que el virus no ha dicho su última palabra.

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